viernes, 9 de enero de 2015

Gitmo-go-round: Torture & drones 'new normal' for America

Carta Abierta a la Unión Europea sobre Cuba Libre


por favor, envíen este texto a christian.leffler@eeas.europa.eu
y sumen su firma a la mía si lo desean, gracias!

Viernes 9 de Enero 2015

Al Excelentísimo Señor Christian Leffler,
Director para las Américas del Servicio Europeo de Acción Exterior.
christian.leffler@eeas.europa.eu

Tras los encuentros sostenidos en La Habana (29 y 30 de abril 2014) y Bruselas (27 y 28 de agosto 2014), el gobierno del general Raúl Castro suspendió de manera unilateral la tercera ronda de negociaciones para un Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la Unión Europea y Cuba, la que tendría lugar el 8 y 9 de enero de 2015 en la Isla.

Las anteriores rondas fueron calificadas por usted como "fructíferas y constructivas", donde ambas partes trabajaron para "avanzar en confianza, respeto y entendimiento mutuo". Justo cuando el tema de los derechos humanos, políticos e institucionales tendría que ser abordado, el gobierno de La Habana ha dilatado el diálogo, sin siquiera rendir cuenta al pueblo cubano sobre esta decepcionante decisión.

Por medio de la presente le hacemos saber que la sociedad civil cubana está más que dispuesta a continuar estos diálogos, ahora que los ministros y militares del gobierno de Cuba no han sabido darle responsable continuidad, tras el abrupto fallecimiento de Fidel Castro y la restauración diplomática con Estados Unidos. 

Como cubanos comprometidos con la democracia y el desarrollo en nuestro país, lo invitamos formalmente, en la fecha y locación que sea más conveniente para los negociadores de la Unión Europea, a dar seguimiento a la agenda de inserción de mi país en el mundo libre, la cual para ser legítima desde un inicio no puede excluir las voces y voluntades de los ciudadanos cubanos.
  
Atentamente,
Orlando Luis Pardo Lazo
orlandoluispardolazo@gmail.com

lunes, 5 de enero de 2015

SIN CUBA



¿Cuándo desaparecimos en tanto nación? ¿Cuándo Cuba dejó de serlo? ¿O tal vez nunca del todo lo fue?

Las naciones son inventos humanos, impulsos de nuestra imaginación histórica. Cuba fue el cuento que los cubanos nos hicimos a nosotros mismos. Un cuento crónico y, por lo tanto, increíblemente creíble.

De demócratas nunca tuvimos nada. Los grandes hitos de la República no son más que grandes estafas, tretas del comunismo planetario para ganar tiempo y corromper los restos del tejido social en nuestro país.

Las balas, los billetes, el vivo que vive del bobo, cualquier cosa vale más en Cuba que las boletas. Somos demagógicos compulsivos, aunque hayamos tenido santos y sabios y virtud. Pero nos faltaba el fascismo, esa experiencia a la que Cuba se hubiera sumado con entusiasmo de no haber sido abortada por la Revolución de izquierda de 1933. Hubo que esperar entonces hasta 1959 para poder consumar nuestra tara totalitaria congénita: un fascismo de derecha con narrativa popular.

Ahora se nos ha muerto Fidel Castro. Su despojos ya han sido cremados antes de ser presentados en público. Y sus cenizas serán dispersadas desde el Río Bravo hasta la Patagonia, asegurando de paso que no sean vandalizadas en venganza o como amuleto maléfico. Escribir sin Fidel en el mundo y saberlo, es para mí una experiencia límite, visionaria, algo a lo que millones de cubanos ya no pensábamos sobrevivir.

El 28 de enero o el 24 de febrero o el 17 de abril: el anuncio liberador de que nunca más los cubanos oiremos la voz telenovelesca de Fidel Castro tiene aterrado al régimen de su hermano ilegítimo Raúl. Como todos los asesinos, el castrismo es un estado de cobardía en medio de su insultante impunidad. Las familias se reacomodan. Saben que la sangre es la salida. Y están asegurándose que no sea la de ellos la que tenga que correr. En este sentido, han propiciado un pacifismo pacato de oposición que los perpetuará en el poder.

Es probable que jamás se anuncie que el Comandante en Jefe es cadáver. Y que ese silencio insolente sea estirado hasta el fin de los tiempos por las autoridades de la Isla como única fuente de gobernabilidad. Los periódicos de Norteamérica también están actualizando sus notas necrológicas de diez y quince años atrás. Pero será el texto menos leído del mundo, el más inactual. Porque los cubanos nos hemos adelantado al mundo en ese oficio de dejar atrás la impronta de Fidel Castro, a la par que en nuestro corazón cada uno ha devenido un decrépito dictador, hasta sumar millones de fidelcastros en miniatura no menos mortífera que el original.

¿Cuándo desapareció la nación? ¿Cuándo Cuba dejó de ser Cuba? ¿O tal vez nunca del todo lo dejará de ser?

Sólo sabemos que, en tanto cubanos, tenemos que alejarnos al máximo de los cubanos. Somos un universo en expansión, nos repelemos. La cercanía de lo propio saca lo peor del pueblo. La Isla no es reforestable. El desierto del alma hizo desierto al paisaje. Yo vengo de allí: puedo jurarles que hoy ninguno de ustedes sobreviviría ni a medio día de habanidad. Y mañana será mucho peor.

Perderse es hermoso. La memoria amnésica es hermosa. Lo que amamos y lo que nos amaron, emigró con nosotros. Seamos dignos de ese amor que no se repetirá. Seamos otros en las vidas de otras naciones. Y, en algunas madrugadas de luna universal, dejemos que ese amor o amargor nos asesine del todo, con suerte antes que el asesino estatal de turno.

Cuba nunca será libre. Los cubanos puede que todavía sí.