sábado, 24 de octubre de 2015

PARTICIPA EN ESTE CONCURSO DESDE CUBA



PRIMER CONCURSO
“FOMENTANDO EL DEBATE: 
PROPUESTAS CUBANAS”

POR FAVOR DIFUNDIR ESTA CONVOCATORIA AMPLIAMENTE


El Centro Para la Empresa Privada Internacional (CIPE) se complace en anunciar la convocatoria para participar en el primer concurso "Fomentando el Debate:  Propuestas Cubanas”.



Objetivo

Promover la elaboración, discusión y difusión de ideas para mejorar la vida en Cuba




¿Quien Puede Participar?

·         Cualquier ciudadano cubano residente en Cuba:  estudiantes, trabajadores por cuenta propia, amas de casa, técnicos, académicos, artistas, intelectuales, etc. 
·         El trabajo puede ser presentado de manera individual, o en grupo, por un máximo de cuatro autores.




Temas

·         El tema a tratar debe de ser definido por el concursante o grupo de concursantes.  La temática es abierta, y temas posibles pueden incluir mas no se limitan a:  economía, emprendedurismo, educación, salud, comunidad, temas jurídicos, temas sociales, transporte, vivienda, o cualquier otro tema de relevancia nacional o local. 
·         El tema debe de ser un tema de actualidad, en el cual se puede claramente discernir el actual contexto. 
·         Deben de existir claras alternativas a la actual realidad.
·         Debe de existir suficiente información (ya sea de Cuba o de ejemplos de otros países) para poder dar a conocer información que permita sustentar las recomendaciones que se hagan.



Requisitos

·         El trabajo debe incluir propuestas concretas con perspectivas para el presente o el futuro de la Isla, partiendo de la realidad actual, y ofreciendo recomendaciones específicas para mejorar la vida en Cuba.
·         Los concursantes también deben de contemplar como socializar y dar difusión amplia al trabajo dentro del país para generar el mas plural debate posible en torno a las ideas y recomendaciones presentadas.  Cada trabajo, por lo tanto, debe de ser acompañado por un “Plan de Difusión” de no mas de una cuartilla (hoja) en extensión.
·         El  trabajo debe considerar los aspectos relevantes para el asunto en discusión, tales como históricos, políticos, económicos, tecnológicos, socioculturales, etc.
·         Se debe de mantener un enfoque limitado, y no olvidar que el objetivo principal del trabajo es el persuadir al lector a que elija la opción que ustedes recomienden.




Formato

·         Extensión: Se recomienda entre 2,500 - 5,000 palabras (5 – 10 cuartillas/hojas)
·         Tipo de Letra: Times New Roman 11
·         Márgenes de 1 pulgada
·         Sin interlineado
·         “Plan de Difusión” de no mas de una cuartilla (hoja) en extensión




Plazo y Entrega

·         Fecha límite de entrega: 28 de febrero de 2016
·         Enviar el ensayo por correo electrónico a ciudadanianueva@gmail.com



Premios

·         1er Lugar:  US$2,000 para apoyar difusión, y publicación del trabajo
·         2do Lugar:  US$1,000 para apoyar difusión
·         3er Lugar:  US$500 para apoyar difusión



Jurado y Criterios de Selección

Los organizadores conformarán un jurado que incluirá instituciones lideres de la región para determinar los trabajos ganadores.  Estos incluirán:  Instituto Ecuatoriano de Economía Política (Ecuador), Fundación Milenio (Bolivia), CEDICE (Venezuela), Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (El Salvador), Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Guatemala), Centro de Investigación para el Desarrollo A.C. (México), Fundación Libertad (Argentina), Libertad y Desarrollo (Chile), Fundación Democracia en Desarrollo (Paraguay), W International (EEUU), Centro Para la Empresa Privada Internacional, (EEUU).

Los criterios de selección incluirán:  (i) calidad de las ideas y recomendaciones presentadas y su grado de realismo; (ii) calidad del sustento de las ideas y recomendaciones; (iii) probabilidad de éxito del “Plan de Difusión”; (iv) medida en que se identifica correctamente el problema a atender; (v) medida en el cual la temática es de interés amplio para la población nacional; (vi) originalidad.



Estructura Recomendada

Se recomienda la siguiente estructura:
·         Resumen Ejecutivo:  Este debe de ser escrito en estilo telegráfico, explicando los puntos principales que debe de conocer el publico.  Esta parte debería de incluir:  una definición concisa del asunto en discusión; una descripción de los antecedentes del mismo; conclusiones
·         Cuerpo del escrito:  Esta sección narra en detalle los puntos hechos en el resumen ejecutivo y debe de incluir:
o   Una definición concisa del asunto en discusión
o   Una descripción de los antecedentes del asunto en discusión, señalando los aspectos específicos del mismo que sean fundamentales
·         Recomendaciones:  Sus recomendaciones enumeradas y descritas sobre las alternativas especificas consideradas optimas para afrontar el asunto en discusión
·         Conclusión:  Breves párrafos que sintetizan lo anterior



Que NO Se Busca

·         No se busca un análisis histórico no es buen tema para uno de estos escritos.  Debe de enfocarse sobre un tema de actualidad. 
·         El trabajo no se trata de elaborar estudios de caso o estudios comparativos, sin embargo si usar ejemplos en el análisis de como se han llevado a cabo reformas en otros contextos puede ser útil.
·         El trabajo no debe de ser un análisis de como funciona (o no funciona) un aspecto de política publica de por si, sino que este debe de hacer recomendaciones puntuales a seguir para mejorar la calidad de vida.



El concursante cede los derechos de autor a los organizadores, quienes podrán publicar el trabajo en distintos medios

A CABALLO MUERTO, CABALLO PUESTO


LA MUERTE DEL CABALLO
Orlando Luis Pardo Lazo


No relinchó. Dobló las patas delanteras y arqueó la cabeza hacia atrás, en un ángulo que parecía imposible. Que lo humanizaba. En cámara lenta, esperando por una humana solidaridad que nunca llegó. En los dos mil o años cero los cubanos estábamos demasiados hundidos en nosotros mismos para abrumarnos por las boberías de muerte de nadie más.

Sudaba como una diva porno o una súper-estrella de rock: en ambos casos, un objeto anacrónico en la Cuba de Castro (no hay ninguna Cuba que no lo sea). Sudaba como un corredor de fondo, con esa legendaria soledad pública del primer maratón mortal. Sudaba como un obrero bajo la canícula que caía sobre la calle, a esa hora de sombras mínimas pero de un negro rabioso, en un contexto sin texturas ni colores creíbles en la retina de quien se arriesgue a la radiación.

Coincidimos de frente. Yo iba a cruzar la calle Reina a la altura de la avenida Galiano (ninguna ya se llama urbanísticamente así: la Revolución rebautiza cosas y espacios y hasta años a una velocidad espeluznante). Yo salía del soportal sobre el que brilla una pancarta sonriente de Fidel Castro anciano, y el animalito formidable me miró. De frente. Eran las doce del mediodía terrible. Ambos chorreábamos como bestias —sudor sin sentido—, pero acaso sólo el caballo tenía una mueca humana en el rostro. Una mueca que recuerdo sólo en quienes tienen el privilegio —o el pavor— de entender que esa hora es la hora en que se van a morir.

No relinchó. Dobló las patas delanteras y arqueó la cabeza hacia atrás, en un ángulo que parecía imposible. Que lo humanizaba. En cámara lenta, esperando por una humana solidaridad que nunca le llegó de mí, ni de mis ojos ni manos ni de por lo menos mi grito contra la muralla hueca de la multitud. Hay momentos tan miserables que merecen ser narrados dos veces.

El caballo estaba atado a un coche en divisas convertibles —el indecente dólar cubano— de la Oficina del Historiador). Asumí que me había elegido a mí como testigo para morir menos solo, menos desolado. Sobre nuestras cabezas, la pancarta ideológicomercial de un Fidel Castro anciano le sonreía ahora más picarón a los curiosos, calañita de carroñeros de toda ralea, que cruzaban sin cuidarse del tráfico hacia la escena luctuosa. Eran los desclasados del parque El Curita, un parqueo sin parquímetros desde 1959, pero con parqueadores del proletariado cobrándote igual.

La sorna de Fidel Castro no podía ser más helocuente, con hache himpronunciable: ¿ya lo vieron, cabroncitos? ¡yo sí que sobreviví!

Más arriba de la pancarta era el desierto: no había nubes en Centro Habana. Un cielo chamuscado de ese azul cianótico que nos enorgullece de ser cubanos. El caballo se dejó caer desde su altura y casi vuelca al coche con su cochero. Por suerte o por desgracia no traía turistas encima (o supieron fugarse a tiempo de aquel naufragio local).

Lo vi —y oí, y olí— patalear sobre el asfalto casi líquido por el calor. Rebotó entre el contén y la acera, y casi se mete moribundo dentro del soportal. Me hice a un lado, con un pase insolidario de ballet (o de torero arrepentido). Esta vez sí bufó un poco —no sé si bufar será el verbo correcto para un caballo—: tal vez lo quemaba el pavimento a medio derretir por el sol socialista de una nación sin toldos.

La esquina entera hedía a fuel, a chapapote, a combustión fósil. Y entonces comenzó a soltar sangre por la nariz y entre sus dientones amarillos (a mí también me dan esos episodios de epistaxis, augurio de no sé qué, por lo que me puse muy nervioso o muy triste o ambos).

Era una sangre negra, espontánea e impredecible. A borbotones y sin causa externa aparente. Impresionante para los impresionables (allí, en minoría absoluta yo). El súmmum del horror silente: cerveza oxidada de Miguel Servet, hemoglobina sin oxígeno útil para seguir la inercia de no irnos de aquí. De Cuba, de la Revolución, de Fidel (perdonen mi persistencia: es patológico, esperemos que pronto se me vaya pasando).

La mirada se le apagó al caballito en un rencor distante, como si lamentase que nadie le hubiera avisado a tiempo lo que le iba a pasar. Como si no se hubiera podido despedir de sus seres queridos (equinos o no). Como si me recriminase el no haber movido ni un músculo para salvarlo.

No sentí culpa, sentí la continuidad de siempre yo ser el cómplice en una ristra de escenas parecidas (con equinos o no). Hacía una temperatura incompatible con la respiración, grados Celsius de planeta cadáver. Si quería sobrevivir, como el Fidel Castro de papel allá arriba, debía escaparme cuanto antes de allí.

La sangre se hacía un charco espumoso sobre el percudido granito del soportal. ¿A qué edad se muere un caballo? De un título de Horace McCoy nunca leído, y de vivir en un barrio marginal por donde trotaban los delincuentes, de niño me quedé con la idea de que los caballos eran los últimos inmortales de La Tierra. Después, durante décadas, mis caballos fueron sólo librescos y televisados, sin contar los plásticos de ajedrez. Así me protegí por un tiempo de la verdad, que también tiene piernas largas para pisar tus talones y trampas. La verdad piafa.

Antes de huir, le hice un par de fotos al caballo ya muerto. Los curiosos coreaban en corro la palabra “infarto” (todos son expertos en occisos en este país-ataúd). Nos empujábamos para ver a la celebridad forense ya rendida a la fuerza de la gravedad. Yo tenía la ventaja de la primicia, por parecer extranjero con mi camarona Canon 7D (donación a la disidencia cubana, directo desde Washington DC), y de vez en cuando me daban un chance de acercarme a la arena.

Los niños venían corriendo desde cuadras remotas. Algunos comentaban golosos que la carne es 100% aprovechable cuando el animal se muere así de rápido, no de enfermedad (como si el corazón roto no fuera la más “larga y penosa” enfermedad). Un viejo chino siguió de largo sin el menor aspaviento (apuesto a que la muerte ya lo aburría a su edad). Sentí náuseas. Primer síntoma de que voy a desmayarme. Un peligro, pues me hubieran robado la cámara antes de echarme una mano. La necesidad es la necesidad.

El cochero liberó por fin los retorcidos amarres del carricoche y el cadáver reposó libre sobre el granito: a la sombra cenital del mediodía dominguero, entre el churre de las últimas décadas y los gargajitos de esa mañana torácica, atorada. Entonces llegó un comando de policías, despejando la manifestación espontánea con sus walkie-talkies y enfriando el canibalismo equino de la población: “arriba, tunturuntun por donde mismo vinieron, que aquí a nadie se le ha perdido nada”.

En presencia de los uniformados, en medio de ese patiñero de pánico que implica siempre la idea de una Policía Nacional Revolucionaria, hubiera resultado excesivo pedirle a alguien que me hiciera una foto abrazando el cuello del caballo (consecuencias de leer mal a Nietzsche en La Habana del II Reich Anti-Imperialista).

Pensé en sentarme en un banco del parque El Curita, a recuperarme entre borrachitos pedantes y putas de las más baratas del hemisferio (chupi-chupi por poco más de un dólar, pero al cambio de la moneda nacional), hasta alejar toda sombra de mi fatiga, de paso revisando las últimas fotos fúnebres en la 7D.

Allí revisé entonces los píxeles de una muerte aún tibia y borboteante de espuma negra, husmeando con el zoom de la pantalla a dónde se habría ido el alma de aquel caballo bajo la sonrisa ubicua de un caudillo llamado cariñosamente El Caballo: nuestro comandante en jefe ya saben quién.

¿El dueño enterraría ahora al caballo o vendrían por él los peritos de Zoonosis y Comunales? ¿Podría aprovechar su carne en familia o tendría que donarla por resolución ministerial al Zoológico del Parque Lenin? ¿Cómo luce en cámara el corazón roto de los caballos? Porque incluso ellos tienen el suyo, supongo, a pesar de una actualidad tan descorazonadora, ¿o no? Horses they have hearts, don´t they?

Me dio por borrar las dos fotos recién tomadas. Atravesé el Barrio Chino sin acordarme de comprar la pizza familiar que me habían encargado, como regalo de cumpleaños para qué más da quién ahora. Igual los quioscos humeaban a queso y astillas acres de piña, a pollo decapitado y puerco a falta de perros para sacrificar. Un vaho vacuo se me coló en el estómago, revoltura. La calle estaba cubierta de cucuruchos de maripositas chinas y rollitos de primavera. Capitalismo carnavalesco de lo incomestible.

Llegué hasta la parada de la ruta 54 en el cuchillo injusticiero de Zanja y Galiano. Ya estaba a salvo. Me paré a esperar. Esperar como todo un país espera, pensando en la muerte del caballo. Hoy, con minúsculas disimuladas. Mañana, con esa mayéutica de las mayúsculas con que los cubanos en Cuba o sin Cuba esperamos el día después de.

jueves, 22 de octubre de 2015

Cuba NO es Castro: Plebiscito Ahora

LA OMARA QUE MATA

Cuba y Omara Portuondo: No todas las vidas negras valen lo mismo

La octogenaria cantante, que firmó en 2003 el infame Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos, es una cómplice del asesinato desde el Estado de los Castro

 0 Sidenotes 
Omara Portuondo, firmante del infame Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos, canta en la Casa Blanca. (Crónica Viva)
Omara Portuondo, firmante del infame “Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos”, canta en la Casa Blanca. (Crónica Viva)
Ellos son la octogenaria cantante cubana Omara Portuondo y el joven presidente norteamericano Barack Obama. Respecto al castrismo, son tal para cual.+
Ella viaja desde La Habana hasta Washington DC sólo para cantarle un “tumbaíto” a él. Pero él le estrecha la mano y se retira de la Sala Este de la Casa Blanca, donde ella canta en un concierto de 20 minutos con Buena Vista Social Club.+

LA ESQUINA MÁS AZUL DEL PRIMER MUNDO



Por el 13 de agosto,
primeros 10 años sin mi papá.

     De niño, viví en un barrio de las afueras de La Habana llamado Lawton. Fui el clásico “hijo único de viejos”, por lo que apenas nos movíamos al centro de la ciudad. Corrían los años setenta en la Cuba del Primer Congreso del Partido Comunista (ya era obvio que Fidel Castro sería un ente eterno) y, a pesar de lo que dicte ahora la historia sobre aquella década tan “decadente e institucionalizada”, lo cierto es que yo habité en el paraíso doméstico de dos obreros tan pobres como amorosos: María del Carmen y Dionisio Manuel, los mejores padres del mundo. Nunca les di las gracias por esa ilusión de mi infancia.

Un día de 1979 decidieron llevarme a conocer el resto de la realidad. Cogimos varios ómnibus interminables y desembarcamos con nuestra mejor “ropita de salir” en pleno corazón de El Vedado. El inicio o la culminación de La Rampa: avenida 23 y calle L (L es de “lujo”). Y entonces fue mi padre quien lo pronunció, mientras mi madre me sostenía por los hombros, tan sobreprotectora como hoy a sus ochenta años: “Alza la vista, Landy…”

En efecto, allí estaba. La mole. Una aguja para hacerle cosquillas a la panza proletaria del cielo. Un diseño geométrico (distorsionado por mi excitación) que, incluso a mis siete años, era la metáfora perfecta de la modernidad: un nuevo mundo, un nuevo tono, un futuro ignorado desde nuestras casitas de madera allá lejos en Lawton.

Era el edificio con el aura más azul del planeta, cuya única diferencia con el hotel de la cadena Hilton de los años cincuenta era el cartel que leí por mí mismo sobre su pico nevado: Habana Libre.

Yo ya sabía leer. Y gratis, supongo que gracias a la Revolución.

Entramos. Las puertas se abrían solas. Bajo nuestros zapatos de estilo ortopédico, nos acariciaba un pasto de alfombras (tuve que preguntar “qué es esa tela en el piso”). El techo del lobby se alzaba en forma de bóveda, a kilómetros de altura sobre nuestras cabezas. La luz era amable, para nada nacional. La voz de los cubanos también (ni manoteos ni gritos marginales). Se respiraba la paz pulcra de ese fenómeno atmosférico siempre en falta que es el “aire acondicionado”. Los baños eran más grandes que mi casa. Mi padre se compró un periódico en inglés que igual decía por fuera Granma, y me prometió que me enseñaría a leer aquel argot exótico del Primer Mundo: el inglés, desde entonces una de mis patrias privadas.

En 1979 fui feliz de súbito en un hotel heredado por el socialismo real. A partir de 1979 fui también cada vez más infeliz, desterrado en tierra propia, a la espera de ese capitalismo irreal que aquel contacto cercano moldeó en mi memoria. Yo quería vivir en un país como el Habana Libre. La arquitectura es, en primera instancia, ideología.

Cuando mi padre murió, el tedioso 13 de agosto del año 2000, tuve ganas de dejarlo a solas un rato en la fea Funeraria de Luyanó (un antiguo local del Partido Socialista Popular) y visitar por última vez nuestro hotel. Quise cremarlo (aún eso era imposible en Cuba) y lanzar sus cenizas desde la azotea del Habana Libre, sobre la visión vacía de una Habana presa y opresiva. Deseé saltar yo mismo sobre la ciudad tras mis primeros 29 años de vida inverosímil (Fidel Castro cumplía años ese mismo domingo sin dios).

Me quedé sin decirle a Dionisio Manuel “lo siento” por muchas cosas pero, más allá de mi indolencia de huérfano y su ausencia irreparable de padre, me quedé sin agradecerle el descubrimiento del azul en la esquina cubana de avenida 23 y calle L (L de “libertad”).

Mi madre no se enteró de esta escena. Ella sólo me sostenía como me sigue sosteniendo hoy por los hombros, tan sobreprotectora como apenas puede ahora imponerme su “Alza la vista, Landy…”

Fuera de Cuba es un poquito más complicado que eso, María del Carmen. Fuera de Cuba los hijos de Cuba siempre tenemos la vista muy alzada, al otro lado del horizonte y el horror, allá lejos en uno u otro barrido barrio que bien pueden todos llamarse Lawton.

lunes, 19 de octubre de 2015

EQUINOCCIO DE REYKJAVÍK

POESÍA

Equinoccio de Reikjavík

(TRAVELER)

los sábados no llegan hasta aquí

en latitudes tan altas
la semana tiene dos o tres días
rara vez cuatro

no hay fin de semana en
el fin del mundo
no hay inicio de semana en
el inicio del mundo

presente y repetición
máquinas de infancia
memoria que ya dábamos por muerta
y
enterrada

como buenos cubanos
somos niños que no recuerdan ni
la última nana de miedo
con que nuestra madre medio nórdica
nos puso a dormir

pesadilla y repetición
todo es péndulo en el círculo polar
todo depende
todo es magma que vuelve sobre el silencio
de sus propios pies

las iglesias repican sus campanas digitales
cada dos o tres minutos
rara vez cuatro

la catedral de reikjavík google images no es
ni remotamente
la catedral a secas de reikjavík

equívoco y repetición
hasta las brújulas son aquí menos definitivas
el norte desaparece en el polo norte

es el triunfo de lo frágil
con esa fragilidad del fuego
que convierte al más antiguo de tus mapas en
un cenicero
una falla
un volcán

géiseres que respiran como ballenas encalladas
cada dos o tres minutos
rara vez cuatro

son eternos como el tiempo pero
de vez en cuando
como las islas
se cansan de respirar

no hay fin de semana en
el fin del mundo
no hay inicio de semana en
el inicio del mundo

comenzar todo de nuevo como
si fuera lo más natural
comenzar todo de nuevo
como si fuera

en latitudes tan altas
antes del sábado ya ha sido martes
dos o tres veces
también cuatro

el resto es mito
es decir, el resto es el mundo allá abajo
vacacional
vacuo
inexplicable
para quienes han crecido creyendo
que las auroras boreales son
un fenómeno natural

las estaciones corredizas
el año constante
la luz que escasea en verano
y en el invierno no es mínima
sino inmanente
ubicua
pulmonar

luz física
como lluvia de reikjavík
como humo de la bahía
como ruinas sagradas

patria de piedra
palabras de pronunciada impronunciación
eldfjall þögn eilífð
para quienes crecimos creyendo
que las auroras boreales son de
una naturaleza fenomenal

aquí las horas son horas humanas
todavía
de manera que todo era justo al revés
de como nos lo contaron con esa letrica legible
que de lejos muchos llaman revolución

por eso mismo nos lo contaron con esa letrica legible
para que no leyéramos con ningún otro alfabeto
al menos no
hasta que fuésemos lo suficientemente
inocuos
a la intemperie
inexplicables

no hay fin de semana en
el inicio del mundo
no hay inicio de semana en
el fin del mundo

atravieso las plazas y los cafés
soy un sueño político
una estatua caminante
un ser literalmente invisible que todos ven
el hijo que una madre cubana escondió no de dios
sino del estado

mi soledad basta para destruir
familias milenarias
parlamentos que no dejaron huella sobre la lava
la belleza de resistirse es
irresistible
la verdad me arrebata al borde de los estanques
o en un banco de la catedral equivocada
de reikjavík google images

cualquier escudo de cualquier ciudad sería estéril ahora
contra esta enfermedad que es no volver a exiliarme
de aquí

al menos no
antes de los mil años de martes que aún faltan
para que la semana sea otra vez sábado
es decir
sea flor sea lágrima sea escalofrío
eitt eilífðar smáblóm með titrandi tár
entre otras intraducibles
imágenes

no disimulo mi euforia de nacional instantáneo
no disimulo el mineral inimaginable de mi locura
de isla a isla
soy el único de los islandeses
que se parió a sí mismo en el último equinoccio de reikjavík


Orlando Luis Pardo Lazo nació en La Habana en 1971. Ha publicado Boring Home (Premio Franz Kafka, 2009) y editó la antología Cuba in Splinters: Eleven Stories from the New Cuba(OR Books, Nueva York, 2014).
Otros poemas suyos: Movimiento browniano y Letanía de Lawton.