lunes, 21 de marzo de 2016

Paya y Cepero viven en Cuba, Obama los olvida



Hace cuatro años nos asesinaron en una carretera de camino a Holguín. ¿Te acuerdas, Harold, del momento en el que se llevaron a nuestros dos acompañantes extranjeros para que no hubiese testigos? Lo recuerdo como si fuera ayer y todavía me duele, aunque ahora soy incorpóreo y las nubes sobre La Habana nos atraviesan como lanzas de algodón. Creía en ti, Oswaldo, y en la causa del Movimiento Cristiano Liberación. Rumbo a Oriente, avanzábamos con cautela junto a los jóvenes activistas europeos, conscientes de que la policía política nos seguía y de las ganas que te tenían, por tu Proyecto Varela y las 11,000 firmas que habrían hecho tambalear al régimen.

Nos deslizábamos con prudencia por aquella vía desvencijada. Todo el país hecho pedazos y hoy, desde este rincón libre que es el cielo azul de la ciudad, descubrimos que algunas partes de La Habana han sido remozadas para la llegada de Obama. El Presidente y la Primera Dama se pasean por las calles adornadas. Un teatro de cartón piedra. Detrás de la tramoya, los solares y las barriadas se derrumban como helados derretidos en verano.

Obama y Michelle no saben que sobrevolamos sobre sus cabezas como dos ángeles de la guarda. Dulce compañía. Desde las alturas les susurramos: han llegado a Comala, el sombrío pueblo inventado por Juan Rulfo para Pedro Páramo. Los infiernos son universales. La isla es un pueblo de ánimas prendidas al “rencor vivo” desde hace casi 60 años. Harold: ¿Se marcharán sin preguntar qué fue de nosotros? Oswaldo: ¿Acaso Obama mirará a los ojos a Raúl antes de hacerle llegar el mensaje de mi hija Rosa María? Será (ahora los dos se lamentan quedo) que nadie llevará flores a nuestros humildes nichos?

Allá abajo La Habana es una fiesta de banderines y comitivas. Desde aquí arriba sentimos el calor humano que oculta la muerte en vida. Y nosotros no podemos dormir el descanso eterno porque nos mataron impunemente. Sucedió en una carretera apartada. La policía política nos embiste y se llevan a los visitantes. Luego vino la muerte. El silencio. El ocultamiento. Nuestras esposas e hijos no pueden reclamar la verdad. Para ellos solo hay destierro en este día de banderines y comitivas. Oswaldo: amaba el mar en el que ya nunca me bañaré con mi familia.

La muchedumbre va de un lado a otro. Hay algarabía. Obama y Michelle sonríen a su paso y desde el malecón entra la brisa. Pero la pareja no mira al cielo y a las nubes. Estamos aquí. Somos Oswaldo y Harold. Nos asesinaron la tarde del 22 de julio de 2012. Uno de los extranjeros que nos acompañaba se quedó mudo. La memoria de lo que allí sucedió se transformó en desmemoria. ¿Hablará algún día Aron Modig o se tragará para siempre su angustia nórdica? Ángel Carromero denunció el crimen pero nadie escuchó.

Somos Oswaldo Payá y Harold Cepero. Miembros del Movimiento Cristiano Liberación. Estamos muertos, pero no más que quienes hoy deambulan por las calles de Comala. Quise decir La Habana. Raúl y Fidel. Fidel y Raúl. Dos rencores vivos. Obama habla de libertad. Esa asignatura pendiente. Oswaldo: El Proyecto Varela los sacó de quicio. Sabía que algún día me matarían. También la Dama de Blanco Laura Pollán entró en un hospital indispuesta y nunca más salió. ¿Acaso preguntarán por su suerte? Harold: aquel 22 de julio era domingo y viajábamos con temor. Luego nos embistieron. Se llevaron a los dos extranjeros. Nadie pudo contar lo que a ti y a mí nos hicieron.

Mi hija Rosa Maria Paya Acevedo tiene el rostro dulce pero por dentro es una llaga encendida. Hoy no está en La Habana. Ni tampoco mi esposa Ofelia Acevedo. No pueden decirle de frente a Obama y a Michelle, pasen por la tumba de mi padre y de mi esposo. Pregúntenle a Raúl por todos sus muertos. La Habana es Comala y Comala es La Habana.

“-¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo? –Comala, señor. -¿Está seguro de que ya es Comala? –Seguro, señor. -¿Y por qué se ve esto tan triste? –Son los tiempos, señor.” Oswaldo y Harold reposan sobre las nubes. Allá abajo todo es ruido y procesiones.