jueves, 19 de mayo de 2016

LA PALABRA PERFECTA

LA PALABRA PERFECTA
Orlando Luis Pardo Lazo

 
tenía una metástasis misericorde
que no le daba dolor
tenía 81 años
y
había vivido siempre en el mismo cuarto

se llamaba dionsio manuel
asturiano precioso
ojos de azul mar de los mares del norte
voz noble de otro país
mente adelantada a su época

una época mala
como toda época que ya se vivió

pero no era español este asturiano
él era sólo mi papá
prácticamente mi abuelo
y
yo era su hijo de viejo
su único hijo
porque el otro
de otro matrimonio
de otra vida
se le fue en 1961
de otra cuba
ese año de simetrías suicidas
y ya nunca se volvieron a ver

huérfanos en vida
huérfanos de biografía
como tantos cubanos de cuba
y
como tantos cubanos sin cuba

gramática grosera 
al punto de la crueldad
ambos 
deben de estar muertos ahora
a la vuelta de un nuevo siglo y milenio

el hijo, en el exilio
esa especie de muerte
mi padre, en un cementerio cubano
esa especie de exilio

a la vuelta del mismo siglo y milenio
nada es nuevo bajo el sol

dionisio manuel envejeció bellísimo
mis novias de adolescencia 
se enamoraban de él

la cuadra entera
nuestro barrio barrido por la barbarie
media habana de las afueras
en una isla de las afueras
en una revolución sin afuera
todos amaban todo de dionisio manuel

el odio cotidiano no se ensañaba con él
ni siquiera el cáncer

mi padre se enroló como burócrata
en mil y una empresas estatales
por un salario de miseria
y
una estabilidad de letras

su mundo era de papel
me decía que tuviera cuidado
con lo que yo decía en la escuela
pero 
que nunca dejara de decir algo parecido a la verdad
que si perdía eso lo perdería todo y a todos
que la verdad era
nuestro último síntoma de humanidad

todo esto dicho en una casita de madera
en una habana vecinal
donde nadie era vecino de nadie

todo esto dicho a un niño
que estudiaba en sucesivas escuelas
llamadas puntualmente nguyen van troi

cuando se retiró yo tenía once años
y
ya me sentía muy anciano
como él

yo quería envejecer junto a él
no dejarlo tan solo según su cuerpo se consumía

como dionisio manuel tenía tiempo de sobra
una tarde de tedio 
se puso por fin a escribir

cuentecitos de antes de nuestra era
poemas a muchachas enamoradas en otra época
una buena época
como toda época que nunca del todo vivimos

me daba curiosidad su tecleo altisonante
el tatatá de la underwood que él mismo engrasaba

con una aguja le destupía las vocales
sobre todo la a
sobre todo la e
sobre todo la o
el tiempo se acumula en los agujeros
el tiempo es una boronilla
como sus vómitos al final
que los médicos llamaban del tipo “borra de café”

dionisio manuel doblado sobre una palangana cubana
vomitando con incredulidad
pensaba que sin dolor no debía de estar tan mal

pensábamos que sin dolor no debía de estar tan mal
y no lo estaba
sólo se estaba muriendo
en su cuarto de toda la vida

un día le pregunté
cuál era la palabra que más le gustaba usar
en sus cuentecitos 
convencionalmente pasados de moda
y
en sus poemas de amor 
entrañablemente republicanos

dionisio manuel se quedó callado
sus ojos de mar azul
se hicieron agua de verdad
me miró como no me había mirado
desde el comienzo de sus desmayos
de su insomnio
de sus arqueadas
de sus vómitos de nombre doméstico
y
me dijo
la palabra que más me gusta
nunca me atreví a teclearla junto a las otras
la palabra que más me gusta
es el nombre de tu mamá

tenía 81 años
y un nombre doble precioso
que se trajo de asturias como grumete
pero no era español este asturiano
mucho menos era cubano este habanero polizón

él sólo era mi papá
prácticamente mi abuelo
y
yo fui su hijo de viejo
casi su único nieto
el nieto que nunca le di
que nunca le dimos

lo dejamos ser el último de su raza extinta
los cubanos de verdad
los de la cuba que no caduca
la de una época pasada que aún está por llegar
que siempre estará por llegar
esa cuba del corazón 
que es incapaz de poner junto a otras
la palabra que es el nombre común
y
exclusivo del amor

1 comentario:

Anónimo dijo...

cono, el dionisio
con sus ojos de mar Azul

el hacha.