domingo, 8 de mayo de 2016

Pisa y corre


Pisa y corre
Orlando Luis Pardo Lazo


¿Cuál es el barrio de los cubanos?
¡Pero qué pregunta tan comemierda!
Quien ha perdido a todo un país, 
lo primero que aprende es a vivir sin barrio.
Igual le encasquetamos a la nueva ciudad
nuestros más decrépitos atributos.
La inercia es lo inevitable.
Una tarja con fechas de la prehistoria.
Nombres de calles que hoy no reconocerían 
ni los mismos nombrados.
Y un par de estatuas en un par de parques.
La primera a las madres, por supuesto,
esas Marías imaginarias que nada pudieron
contra la huérfana realidad que carcomió a sus hijos.
La segunda, por supuesto, a algún caudillo concreto,
déspotas que tuvieron la suerte de morirse
antes de dictar su primer decreto de muerte.
El barrio de los cubanos es ahora su propia carencia.
Si acaso también la carroñita cómica, 
el correcorre entre cementerios en cualquier idioma,
potaje patético,
el crematorio de la memoria que nos recuerda
el equívoco de hasta dónde cojones iremos a parar.
Tendemos a la dispersión,
a construir casas con patios distantes,
a evitar la gravedad grosera de los otros cubanos.
De pronto ya no hemos perdido nada.
Estamos completos, caballeros.
Por eso nunca preguntes por el barrio de los cubanos.
No peques de comemierda 
cuando aterrices en tu próxima nueva ciudad.
Total, que allí tampoco te quedarás demasiado.