martes, 11 de octubre de 2016

ARAGON EN SAINT LOUIS



My life is over, you know,
me dice el taxista de Senegal.
It was not easy my childhood, man,
me dice en la esquina de Skinker Sur.

But Castro in the beginning was good, right?,
me dice.
I have two kids,
two girls, sonríe.
They’re my whole life now, sonríe.
But they take everything for granted, you know.
And you and me, we have lived.
So we know how bad it was down there, man,
before America, right?

No childhood in Senegal, me dice.
I was very happy in Cuba, le digo.
See what I’m saying, man?, sonríe.

A Cuban orchestra once even performed down there.
Down there where?, sonrío.
In Senegal, in the seventies,
I was just a little child.

Like your girls?, digo.
Like my girls, dice,
that’s why the older one is called
Aragón.

Yo sé,
yo sé todo de la Aragón.
La leche de mi madre la bebí con Radio Progreso,
la Onda de la Alegría.
Que no duerma el brazo ni cese el motor.
El trabajo es gloria, la vida es acción.
Y su cantaleta a toda hora
interpretada por las voces estatales
de los violines y flautas de la orquesta
Aragón.

Silencio.
And we shake hands.

Nos damos las manos y yo cambio de lengua
tan pronto como el taxi Uber me da un clic
y se va alejando vía Forsyth Avenue
hacia el Senegal de los años setenta,
presidido por un poeta tirano que debió tirar
su buen par de pasitos pendejos
al ritmo aragonesco del chachachá
qué rico cha-cha-chá,
va-ci-lón, qué rico vacilón.
A la prieta hay que darle cariño…
A la china, tremendo apretón…
A la rubia hay que darle un besito…
¡Pero todas gozan el vacilón!

El chofer era profesor
en el central college de no se sabe qué iglesia o logia
en uno de esos barrios de vecinos desvencijados
que hay en Saint Louis.

El chofer era un negro retinto,
azul.
Se parecía a Manuel Cuesta Morúa,
el intelectual cubano.
La misma cabecita de fósforo del poeta presidente Senghor.
La misma boquita chula de predicador
a ras del micrófono.
La misma mirada brillándole,
sagaz.
La calva también brillante,
por el calor.

Verano indio, mentiroso.
Otoño malo, mierdero.
Los septiembres de Saint Louis son un calco descojonante
de los septiembres en aquel otro exilio
de
La Habana.

El chofer carecía de cejas,
pero al menos contaba con sus dos hijitas
a falta de una infancia arquetípica en Senegal.

Lo del taxi Uber era sólo un part-time,
creí entender.
Y un día de estos él iba a ponerse a ahorrar
porque quería conocer a Cuba con su familia,
con su mujer y sus dos niñitas
acaso llamadas todas como la orquesta
Aragón.

Antes que Cuba cambie, man.
Sure, brother, welcome.
Much easier now to go down there from here, right?,
he smiled.
Sure, brother, sonrío,
but you better hurry, right?

Esa es la pura verdad.
Sólo espero que no se demore en ir.
Todo es mucho más fácil now, right,
pero todo se pondrá mucho much easier todavía.

Y a los senegaleses de La Habana
es esa facilidad
la que nos tiene aterrados.