martes, 22 de marzo de 2016

Muerte, mierda, milagro.



Me escribe Yoaxis Marcheco Suárez, la misionera esposa del pastor bautista Mario Felix Lleonart Barroso, desaparecido en Cuba desde hace 3 días y en huelga de hambre en manos de la Seguridad del Estado:

"Mi hija de ocho años se sentó a ver en el televisor la llegada de Obama al Estadio Latinoamericano de La Habana. Miró en silencio unos minutos y luego, sin quitar la vista de la pantalla, como quien medita en voz alta, dijo: Tengo muchas ganas de que Obama se vaya para Estados Unidos, para que mi papá vuelva ya a la casa."
"Se quedó seria por unos segundos y luego se paró del asiento. Cualquier comentario de mi parte está de más."

Yo le escribí como respuesta que yo sentí lo mismo en la cárcel de Regla en marzo de 2012, viendo a mi novia Silvia Corbelle Batista presa en otra jaula por mi culpa. Pensé entonces: "ojalá se vaya el Papa de pinga este pa'l carajo de aquí", y recé para que nunca más volviera un mierda de esos a Cuba. También he deseado mucho la muerte del Cardenal católico cubano, acaso por SIDA dada su flagrante actividad homosexual, violando sus propios votos de celibato.

Esas noches del 2012 parece que cambiaron muchas cosas en mi alma. La astillaron de por vida. Aunque yo no lo supe de inmediato. Vendrían más y más crímenes a manos de los Castros, con la complicidad de Europa y Estados Unidos.

El régimen cubano gana así. Destruyendo almas humanas. Ellos no son hienas. La hiena es un pobre animalito echado al mundo por Dios. Ellos son lo antihumano, lo antidios, el Mal encarnado.

Mi odio a Cuba, perfecto y puntual, es el único tesoro hermoso que nadie jamás podrá arrebatarme.

lunes, 21 de marzo de 2016

Obama en Cuba entre el hito y el horror



La visita de Obama a Cuba, entre el hito histórico y el horror de la historia



“Hito histórico”: así llaman los estadounidenses a la visita del presidente Obama a la Cuba de Fidel y Raúl Castro. Que es la Cuba sin presidentes legítimos desde hace 64 años. Y es también la de la casta de los hijos, cuñados, sobrinos y nietos de apellido Castro. Todos ya visibles en los selfies del neocastrismo, y ostentando posiciones claves del aparato corporativo-militar del Estado, de cara a la sucesión dinástica anunciada para el 2018.
La subcultura del espectáculo de los estadounidenses los obliga a inventarse “hitos históricos” en cada titular. Se aburren, al punto de hacer catarsis con el encuentro surrealista de un afronorteamericano electo democráticamente y un general octogenario con las manos manchadas de sangre.
La Casa Blanca ha sido especialista en apoyar a los más cruentos caudillos latinoamericanos: Batista, Trujillo, Ríos Montt, Somoza, Stroessner, Pinochet, y un escalofriante etcétera que culmina con el clan Castro. La “novelística del dictador” en nuestro hemisferio está en deuda con los poderosos de Washington, quienes aplauden y abandonan a los sátrapas de su traspatio según las ganancias en juego.
Pero no seamos injustos con el Obamato: la Castrocracia cubana igual ha sido bendecida por el récord de tres Papas católicos y uno ortodoxo, por el santoral populista de nuestra región, por la academia norteamericana con su Complejo de Edipo revolucionario, y por los gobiernos europeos presionados por una intelectualidad de izquierdas y un empresariado de derechas.
El buenazo de Obama llega de último al parque temático de una Revolución sobreviviente en la Era Mercadozoica global. Para eximirlo de un mea-culpa, llega aupado por la miseria de los millonarios del exilio cubano, desesperados por repartirse las ruinas de la Isla, mientras algunos incluso sueñan con su propia candidatura parlamentaria o presidencial, toda vez de vuelta en la patria, tan pronto como la Raúlpolitik se declare en retirada seudo-democrática.
La utopía proletaria devino, pues, capitalismo de Estado. Con la plusvalía de un Partido Comunista que, según la Constitución, es el único legal en Cuba, cuyo sistema social es de carácter “irrevocable” a perpetuidad. Ni por las urnas, ni por las armas.
Por esto el castrismo tuvo que asesinar el 22 de julio de 2012 a Oswaldo Payá, el opositor cubano con mayor autoridad moral y base popular, y el primero en ganar el Premio Sájarov para la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo, por su iniciativa ciudadana Proyecto Varela, una auténtica alternativa para la transición a la democracia, al contrario de las reformas raulistas, que confieren privilegios y concesiones desde un poder inconsulto, pero que no restauran ninguno de los derechos secuestrados al pueblo cubano.
Ansioso Obama por justificar su apriorístico Nóbel de la Paz, y desmoralizada Europa entre inmigrantes y radicalismos, la Seguridad del Estado cubana puso la mano de obra barata para hacer el trabajo sucio, pues los verdugos de verde olivo sabían que semejante ejecución extrajudicial contaría con la pasiva complacencia y la no tan pasiva complicidad del mundo libre.
Por eso Rosa María Payá, la joven hija del mártir, quien hoy lidera la campaña mundial CubaDecide para la realización de un plebiscito en la Isla, fue coaccionada por el vocero de John Kerry en pleno Departamento de Estado el 20 de julio de 2015, para que no pudiera hacerle ni una pregunta al Canciller cubano presente allí, tras inaugurar la embajada cubana en Washington.
Veremos ahora si Barack Obama, quien se reunirá con una decena de disidentes en Cuba, tiene suficiente soberanía para mirar de frente a Rosa María Payá y mencionar en público el nombre de su padre Oswaldo Payá, honrando la memoria de este cubano que pertenecía al futuro. De no atreverse, la visita del presidente norteamericano a Cuba podrá ser un “hito histórico”, sí, pero de un pasado de horror.

Paya y Cepero viven en Cuba, Obama los olvida



Hace cuatro años nos asesinaron en una carretera de camino a Holguín. ¿Te acuerdas, Harold, del momento en el que se llevaron a nuestros dos acompañantes extranjeros para que no hubiese testigos? Lo recuerdo como si fuera ayer y todavía me duele, aunque ahora soy incorpóreo y las nubes sobre La Habana nos atraviesan como lanzas de algodón. Creía en ti, Oswaldo, y en la causa del Movimiento Cristiano Liberación. Rumbo a Oriente, avanzábamos con cautela junto a los jóvenes activistas europeos, conscientes de que la policía política nos seguía y de las ganas que te tenían, por tu Proyecto Varela y las 11,000 firmas que habrían hecho tambalear al régimen.

Nos deslizábamos con prudencia por aquella vía desvencijada. Todo el país hecho pedazos y hoy, desde este rincón libre que es el cielo azul de la ciudad, descubrimos que algunas partes de La Habana han sido remozadas para la llegada de Obama. El Presidente y la Primera Dama se pasean por las calles adornadas. Un teatro de cartón piedra. Detrás de la tramoya, los solares y las barriadas se derrumban como helados derretidos en verano.

Obama y Michelle no saben que sobrevolamos sobre sus cabezas como dos ángeles de la guarda. Dulce compañía. Desde las alturas les susurramos: han llegado a Comala, el sombrío pueblo inventado por Juan Rulfo para Pedro Páramo. Los infiernos son universales. La isla es un pueblo de ánimas prendidas al “rencor vivo” desde hace casi 60 años. Harold: ¿Se marcharán sin preguntar qué fue de nosotros? Oswaldo: ¿Acaso Obama mirará a los ojos a Raúl antes de hacerle llegar el mensaje de mi hija Rosa María? Será (ahora los dos se lamentan quedo) que nadie llevará flores a nuestros humildes nichos?

Allá abajo La Habana es una fiesta de banderines y comitivas. Desde aquí arriba sentimos el calor humano que oculta la muerte en vida. Y nosotros no podemos dormir el descanso eterno porque nos mataron impunemente. Sucedió en una carretera apartada. La policía política nos embiste y se llevan a los visitantes. Luego vino la muerte. El silencio. El ocultamiento. Nuestras esposas e hijos no pueden reclamar la verdad. Para ellos solo hay destierro en este día de banderines y comitivas. Oswaldo: amaba el mar en el que ya nunca me bañaré con mi familia.

La muchedumbre va de un lado a otro. Hay algarabía. Obama y Michelle sonríen a su paso y desde el malecón entra la brisa. Pero la pareja no mira al cielo y a las nubes. Estamos aquí. Somos Oswaldo y Harold. Nos asesinaron la tarde del 22 de julio de 2012. Uno de los extranjeros que nos acompañaba se quedó mudo. La memoria de lo que allí sucedió se transformó en desmemoria. ¿Hablará algún día Aron Modig o se tragará para siempre su angustia nórdica? Ángel Carromero denunció el crimen pero nadie escuchó.

Somos Oswaldo Payá y Harold Cepero. Miembros del Movimiento Cristiano Liberación. Estamos muertos, pero no más que quienes hoy deambulan por las calles de Comala. Quise decir La Habana. Raúl y Fidel. Fidel y Raúl. Dos rencores vivos. Obama habla de libertad. Esa asignatura pendiente. Oswaldo: El Proyecto Varela los sacó de quicio. Sabía que algún día me matarían. También la Dama de Blanco Laura Pollán entró en un hospital indispuesta y nunca más salió. ¿Acaso preguntarán por su suerte? Harold: aquel 22 de julio era domingo y viajábamos con temor. Luego nos embistieron. Se llevaron a los dos extranjeros. Nadie pudo contar lo que a ti y a mí nos hicieron.

Mi hija Rosa Maria Paya Acevedo tiene el rostro dulce pero por dentro es una llaga encendida. Hoy no está en La Habana. Ni tampoco mi esposa Ofelia Acevedo. No pueden decirle de frente a Obama y a Michelle, pasen por la tumba de mi padre y de mi esposo. Pregúntenle a Raúl por todos sus muertos. La Habana es Comala y Comala es La Habana.

“-¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo? –Comala, señor. -¿Está seguro de que ya es Comala? –Seguro, señor. -¿Y por qué se ve esto tan triste? –Son los tiempos, señor.” Oswaldo y Harold reposan sobre las nubes. Allá abajo todo es ruido y procesiones.