viernes, 30 de junio de 2017

DEL ODIO A DIARIO

¿Alguien ha escuchado hablar de Bernardo Viera Trejo? Pocos. Poquísimos. Nadie. Sin embargo, publicó un libro -en su momento- que era mejor que el de los Norbertos y Heras León de turno. Aquí se los dejo: https://in-cubadora.org/2017/06/30/bernando-viera-trejo-%C2%B7militantes-del-odio-y-otros-relatos-de-la-revolucion-cubana%C2%B7/

 

Se ha hablado mucha mierda sobre Los años duros de Jesús Díaz (asesinado en 2002 por la Seguridad del Estado cubana en su exilio en Madrid), sobre Condenados de Condado de Norberto Fuentes (agente también exiliado desde 1994 por esa misma Seguridad del Estado), sobre La guerra tuvo seis nombres de Eduardo Heras León (absorto en ese anodino anonimato que implica el Premio Nacional de Literatura en Cuba), entre otros bodrios del social-realismo cubano de la violencia y todas esas boberías (incluido el magisterio monstruoso de Vista del amanecer en el trópico de Cabrera Infante, las pataletas prepóstumas de Reynaldo González en Siempre la muerte, su paso breve, y la prosa tan plomiza como primeriza de Humberto Arenal en El sol a plomo): el miliciano que se sobrepone al miedo, el plagio hemingwayano de un clandestinaje al descaro, la insulsa imitación del blablablá popular que todavía no se atrevía a publicar ni un “cojones”, etc. Pero no se habla nunca del narrador cubano Bernando Viera Trejo (murió en 2008)

No hablar nunca de un autor cubano implica que ni Duanel Díaz ni Rafael Rojas aún se han rifado sus ripios.


Bien, pues, aquí está. De gratiñán. En texto propio. Con su libelo Militantes del odio y otros relatos de la revolución cubana, publicado en Miami en 1965 a pepe timbales. Un olvidado del odio. Un muerto muerto de la mal llamada “narrativa de la violencia”. Un tecleador de reportajes analógicos para la revista Bohemia, antes de que la revista Bohemia fuera secuestrada a perpetuidad por el castrismo. Un caricaturista de profesión, como Guillermo Rosales, como casi todos los grandísimos Don Nadies entre los escritores cubanos, los que que terminan soñando en un boarding home con el comandante (como Rosales) o subastando en 100,000 dólares un viejo mapa del Cuartel Moncada autografiado por Fidel Castro en 1955 (como hizo Viera Trejo unos meses antes de morir)


Aquí está la muerte que no convino canonizar para el campo cultural cubano. El fusilamiento, el apendejamiento, el atentado a ciegas (muérase quien se muera), la queridita y el guajirón, el verdugo batistiano con corbata de seda roja a rayas y traje de dril cien, tal como hoy los torturadores usan guayaberas de blanco impoluto, blanco vil, blanco verde oliva brutal.

Un librito sin lectores. Que no se leyó en su momento y que ya es muy tarde para que se pueda leer. Como el regajero de cadáveres que nos legó esa generación muertera. Nuestros muertos que han muerto sin muerte. En un pasado que ya muy pronto nunca pasó.


Cubansummatum est!

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