viernes, 28 de julio de 2017

Remesas y remierdas




Pagamos y repagamos al puto país, pero no tenemos el menor derecho a quejarnos de no poder participar en la vida de ese mismo país, no tenemos derecho ni a llorar cuando la dictadura nos pisa los callos o nos trata como lo que somos, unos parias perfectos, perversos. 

No podemos ni votar en las elecciones en Cuba, donde sólo un partido político es legal. 

No podemos viajar sin miedo ni tampoco residir permanentemente en nuestro propio país (en los consulados y embajadas de Cuba los cubanos somos peor que la mierda). 

No podemos casarnos en Cuba con quien nos dé la realísima gana, del sexo que sea. 

No podemos poseer las propiedades que con nuestro dinero compramos desde el exterior. 

No podemos invertir ni un centavo asqueroso partido por la mitad. 

Ni siquiera nos atrevemos a entrar un librito más o menos polémico por la aduana del Aeropuerto José Martí. 

Y encima de todo, tenemos que sonreír y dar gracias por ser un pueblo  sometido a semejante apartheid.




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