viernes, 4 de agosto de 2017

Maleconazo

 


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Han pasado ya 23 años. Y aún no ha pasado nada. Excepto que el silencio incivil de las calles cubanas es ahora sobrecogedor. Ni siquiera sabemos poner en palabras lo que nos ha pasado. El cementerio se trocó en cenotafio. Hemos enmudecido en tanto pueblo (hemos emputecido en tanto nación). La austeridad se hizo silencio. La miseria nos hizo miserables. El hambre justificó nuestra hipocresía. La represión justificó nuestro estado mental y físico de irrealidad. Estamos, pero no somos: nos descubanizamos. Sólo la libertad siguió siendo la misma visión inverosímil en la que, no tanto ateos como arteros, los cubanos todavía hoy nos empeñamos en no creer.

Nuestra esclavitud es de alma. Nuestra sumisión es islámica, más que insular. Por eso ya ni la cabeza de Castro no hace falta para insistir en la inercia insultante de no vivir en la verdad. Por eso el 5 de Agosto es la fecha que todo cubano del presente preferiría obscenamente olvidar. Por eso nuestro futuro será tan fácil. Y tan fósil.

Cubansummatum est.

 


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