martes, 24 de octubre de 2017

De Padura y otras preguntas

O romance O homem que amava os cachorros, do escritor cubano Leonardo Padura, conta a história de três personagens: Trotski, Mercader e Iván. É ficção. Não há dúvidas quanto a isso. E cada um deles é romanceado em seu contexto de vida social, política, familiar, individual etc.: em linhas gerais, Trotski e a Revolução Russa; Mercader e a Guerra Civil Espanhola, por exemplo; Iván, inserido num contexto cubano caracterizado por frustrações, medos, ou por uma “utopia pervertida”, como o próprio personagem descreve. Porém os dois primeiros personagens não são totalmente inventados. Considerando essas peculiaridades, dentre os três personagens, é possível destacar um deles quanto ao impacto causado em sua leitura? Noutras palavras, é possível afirmar que (re)conhecer um determinado personagem, pela narrativa empreendida por Padura em que pesam questões sociais, políticas e individuais, causou mais impacto em detrimento dos outros dois? Por quê?


Los tres personajes son, en un sentido, un solo personaje. Así trabaja Leonardo Padura la arquitectura en triada de sus novelas: así él usa la alegoría y el montaje en paralelo (siempre anacrónico o desfasado de la realidad actual) para quitarse de encima una parte de su propia responsabilidad en tanto voz autorial. Así es su estrategia de sobrevivencia bajo la bota brutal del Estado totalitario cubano. Una estrategia efectiva que yo aplaudo, pero no comparto. 

En todo caso, puestos a seleccionar un personaje, yo seleccionaría al personaje implícito que es el público lector del siglo XX cubano: una audiencia cautiva, casi analfabeta, acostumbrada a ver el adoctrinamiento como algo cotidiano. En este sentido, las novelas de Padura sí son como una pedrada: un grito tardío, un bofetón que nos fuerza a empezar a despertar del idilio en que despilfarramos nuestra biografía. 

Siendo un autor infantilizadamente kitsch, Padura, paradójicamente, es a su vez el autor que más ha hecho por sacar a la literatura cubana de su infantilismo kitsch constitucional.




Pensar sobre a recepção dessa obra por alguns leitores intelectuais de lugares diversos da América Latina é objetivo propulsionado pelo que Diana Klinger afirma em seu estudo sobre autoficção: “[...] interessa aqui pensar no contexto da América Latina, onde nossa intervenção pretende contribuir para um pensamento sobre o presente”[1]. Acrescento um outro objetivo ao de Klinger: pensar o romance de Leonardo Padura pelo qual podemos nos deparar com uma perspectiva crítica sobre a sociedade cubana contemporânea (durante e pós revolução). Trata-se de uma “escrita de si”, ou de um olhar de dentro, cujas questões ideológicas merecem ser observadas, mas na sua relação dialética (conforme o método sugerido por Antonio Candido[2] que visa verificar no texto literário uma estruturação formal do extraliterário) com as questões estéticas para não incorrer no risco de uma leitura reducionista. Esse é um dos meus objetivos na análise-interpretação desse romance. Mesmo assim, pelo tom de criticidade a uma determinada sociedade real (ou seja, não imaginária), implementado no romance, gostaria de saber a sua opinião sobre a relação entre os elementos estéticos e o viés ideológico, pensando, inclusive, no autor em sua postura ética.
              


Lo primero es desterrar toda noción de fundamentalismo geográfico, tan peligrosa y perversa como el fundamentalismo político, racial, de géneros, o religioso. 

Leonardo Padura es más un ciudadano español que un ciudadano cubano. Gracias a España es que su obra literaria y periodística puede sobrevivir en Cuba. Gracias a España (y a su flamante pasaporte español) es que este autor puede viajar por todas partes del planeta y regresar a su propio país, algo que le es negado al resto de los cubanos, que dependen de la voluntad arbitraria del gobierno de La Habana para poder salir y entrar a Cuba (Padura también, por cierto). Gracias a España es que Leonardo Padura reside el 90% del tiempo fuera de Cuba, país donde él no posee ninguna fuente de ingreso, pues desde hace décadas él está desempleado en la Isla.

Lo segundo es no subordinar nunca la literatura a la realidad. La literatura crea a la realidad y no al revés, digan lo que digan los teóricos del marxismo cultural. 

Aunque el propio Padura lo ignore, su obra es una invención memorialística y emocional de Cuba: no una crónica, sino una condensación creativa de su realidad. Mario Conde en la vida real sería inverosímil: su reino está limitado a la ciudad letrada y, por supuesto, al alma secreta de su nación de lectores. 

De ahí la fuerza formidable de la ficción. De ahí el miedo hacia los escritores y la manipulación con que Fidel Castro siempre los trató, entre la zanahoria y el garrote, entre el premiecito y la prisión, para evitar que las “ficciones de autor” (un término de Ricardo Piglia) compitieran con la “ficción de Estado” que era el castrismo como tal. Una ficción que hoy, por cierto, está en plena descomposición, pues, muerto el Narrador en Jefe, Cuba se ha quedado sin fuerzas ficcionales para crear consenso y gobernabilidad. 

Padura, aunque lo niegue con pánico oportunista, es un actor más político hoy en Cuba que cualquier miembro del Consejo de Estado, el Consejo de Ministros, la Asamblea Nacional del Poder Popular, o el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (el único legal).

El sesgo ideológico de Padura es sólo una máscara: la novela de su vida. Él es un hombre que no cree en el socialismo, pues conoce bien de toda la barbarie cometida por este sistema a nivel mundial (como todos los sistemas lo hacen), con la complicidad criminal de los Castros en Cuba. Pero Padura tiene que insistir patéticamente en que es un producto crítico “desde dentro” de la Revolución Cubana (el mercado se lo exige así: al capitalismo le encantan las dictaduras alternativas al statu quo). Incluso, Padura tiene que fingir cierta heterodoxia de izquierda, cuando en realidad su única experiencia existencial en Cuba es la de habitar en una nación sin esfera pública, sin sociedad civil, en un régimen monolítico-monárquico tanto por Ley como por Constitución, sin la menor noción de lo que es un espectro político funcional, la separación de poderes moderna, y mucho menos la diversidad multicultural. 

El intelectual cubano contemporáneo ya no es un ser subdesarrollado, sino un engendro contradesarrollado.

No se le pueden pedir peras a Padura. Nuestro hombre en Mantilla ha hecho muchísimo desde su trinchera novelística en medio del fin de la tiranía cubana. Y tenemos que dejarlo que maniobre ahora a su conveniencia para no quemar demasiadas naves al interior de la Isla, pues nadie está a salvo de la represión en la Cuba de Castro. Nadie está a salvo de los mecanismos anónimos de la muerte que aplica el Ministerio del Interior como tácticas de biopolítica estalinista: muerto el hombre, se acabó el problema del hombre. Padura lo sabe.



Quando do lançamento do romance na Argentina, e a partir de uma entrevista de Padura ao jornal La Nación, no ano de 2014, o politólogo e sociólogo Atílio A. Borón levantou uma questão em torno da entrevista, pelo fato de Padura omitir o Embargo Econômico dos EUA como causa do desencanto (las ilusiones perdidas) de uma geração cubana, da qual Leonardo Padura faz parte e que está amplamente representada em seu romance. Essa crítica provocou uma polêmica que envolveu outros intelectuais como, por exemplo, o cubano Guilhermo Rodriguez Rivera, professor do curso de Letras da Universidade de Havana. O dossiê sobre essa polêmica pode ser visto pelo site http://www.atilioboron.com.ar/2014/05/intelectuales-imperialismo-y-revolucion.html
Qual a sua posição frente a esse debate?


Atilio Borón es una persona de posiciones anti-democráticas, que justifica la represión cultural y política de la dictadura de los Castros: no sólo en contra de los intelectuales cubanos, sino también en contra de toda nuestra nación y exilio. 

El embargo norteamericano no es la causa de la mediocridad e ineficiencia de las llamadas empresas socialistas estatales en la Isla. El embargo norteamericano no es la causa de que el pueblo cubano emigre en masa hacia cualquier otra parte, con tal de poder disfrutar de los derechos ciudadanos que en la Isla le son negados desde 1959, empezando por el derecho de votar en elecciones multipartidistas y tener propiedad privada. El embargo norteamericano no es la causa de que el domingo 22 de julio de 2012, por poner sólo un ejemplo, el Ministerio del Interior cubano asesinara a los líderes opositores Oswaldo Payá y Harold Cepero en una carretera del oriente cubano, pretendiendo después disfrazar la escena como un accidente automovilístico (esa debería ser la novela de Padura, pero Mario Conde se resiste a investigar ciertos casos). El embargo norteamericano no es la causa de que los libros de Leonardo Padura no se reediten casi en Cuba, y que este autor, como tantos otros, sufra censura cínica por la falta de promoción y de distribución de su obra en su propio país (a la par que le imponen el Premio Nacional de Literatura para captarlo/coptarlo/coartarlo). 

Atilio Borón, como todos los ideólogos de la izquierda latinoamericana, son en parte cómplices de lo que ya es y será en el futuro inmediato el pueblo cubano, cuando desaparezca del todo la dictadura de los Castros: un pueblo profundamente de derechas, donde el socialismo es radicalmente impopular y considerado por la mayoría como un sistema retrógrado y reaccionario.

Cuba será un bastión inexpugnable del capitalismo continental. Y de su secuela de ganancias y groserías. Vivir para ver. Recuerda que te lo dije hoy.

Gracias.






[1] KLINGER, Diana. Escritas de si, escritas do outro: autoficção e etnografia na narrativa latino-americana contemporânea. Tese de doutorado apresentada ao Instituto de Letras da UERJ, em 2006. P. 19. Arquivo PDF.
[2] CANDIDO, Antonio. Literatura e sociedade. estudos de teoria e crítica literária. 8 ed. São Paulo: Nacional, 2000.

1 comentario:

Anónimo dijo...

totalmente de acuerdo, cuando la pesadilla termine el timonazo a la derecha va a partir el eje de la direccion. vivir para ver. creo que se viviran pasajes de la caida de machado, con ahorcados y arrastres por la ciudad a cuanto chivaton y trabajador del minint exista.

el hacha.