jueves, 2 de noviembre de 2017

Necrológica


Capítulo 18. Funeraria Facebook

Orlando Luis Pardo Lazo

       
        Ya tengo más amigos muertos que no muertos.

        Por eso casi nunca lo cargo.

        No duele, ni nada. No se trata de eso. Pero abrir mi página de Facebook me provoca una sensación muy extraña.

        Aquí les dejo el enlace, como testimonio de no sé qué:


        Es la sensación de que ya no hay nadie.

        Muros y muros emaciados. Perfiles apátridas. Fotos con etiquetas que nunca etiquetaron a nadie.

        Mi mouse los recorre en silencio.
        Pabellones nocturnos. Claustros digitales de mármol.

        Likes y Shares de cuando la vida incluía a Cuba y a los cubanos. El historial se nos ha ido convirtiendo en un prehistorial.

        Timelines sin línea del tiempo.

        Comentarios como lápidas.

        Memes mortuorios.

        Cubansummatum est.

        Se fueron a otra parte los exiliados. Siempre me hacen la misma gracia. Del clarín escuchad el silencio. A las almas, violentos, corred.

        De hecho, es como si nunca hubieran estado aquí. La carencia de paisaje geográfico no nos permite a los cubanos habitar en ningún otro páramo.

        Llámese web o telaraña. Llámese ballena o basura blanca.

        Digamos que me llamo Orlando Luis.

        Abrir Facebook es como caminar por un campo minado. Nuestra mala memoria siempre está a punto de hacer implosión.    

       Alzheimer es el nuevo héroe. La intemporalidad de la que hablaron dos o tres  escritores malditos. Malditos norteamericanos.

        Servicios necrológicos para una ciudadanía virtual. Campañas de crowdfunding para un velorio de masas.

        El muerto que lo ponga otro.

        Amanece en Saint Louis, Missouri. Estado de fascismo Anti-Fa y apartheid Do-Re-Mi-Fa.

        Abro mi página y publico este post.

        Solipsismo Sol-La-Si-Do.

        Lo anuncio como un capítulo del nuevo libro que antes de fin de año me publicará Hypermedia.

        Una editorial fantasma que sólo los cubanos no leen.

        Ya tiene título y todo. Que la patria os covfefe orgullosa. Es lo único que tiene por el momento. Título y todo.

        Me basta con unas cien páginas. No dejaré títere con cabeza.

        Será un cuaderno epitafio. Bitácora de la barbarie y la bellaquería.

        Música del Titanic. Para aquellos cubanos que aún creían en la cubanía.

        Será el libro del trumpismo cubano. Para horror de mis antiguos amigos de izquierda.

        Será el libro de la derecha intelectual cubana, esa ausencia ancestral que debió de llamarse decencia y terminó siendo decrepitud.

        Será, también, o al menos así lo intuyo, el libro del sionismo cubano.

        Necesitábamos tanto a un sionismo.

        Pero al exilio cubano esa urgencia, desde el mismo primero de enero de 1959, parece que se le olvidó.

        No hicimos nada para encontrar otra tierra prometida. Para inventarla, para imponérnosla.

        A falta de Isla, imaginación.

        Y eso es precisamente lo que no tenemos. La imaginación de los cubanos era verde oliva y se la comió un barbudo.

        Muerto Fidel, se acabó la Revolución.

        Y, sin Revolución, Facebook funciona apenas como un cenotafio.

        Cementerio sin muertos. Cremaciones al por mayor.

        Polvo seremos, mas polvo desmemoriado.

        Big Habana Inmemorial Park.

        No dejaremos ni un huesito sano para los arqueólogos. Ni una tibia ni un peroné como testigos del totalitarismo insular.

        Caballeros, que aquí no ha pasado nada.

        Menos que cero. Olvidar incluso al olvido.

        Estoy seriamente considerando la imposibilidad de no volverme a loguear.

        Discúlpenme. Tampoco es culpa de nadie.


        Una vida en falso lo menos que se merece es una muerte falsa como colofón.

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