jueves, 7 de diciembre de 2017

JODER A LA JIRIBILLA

VOLVER A CUBA
Orlando Luis Pardo Lazo

Hoy he vuelto a la Isla. Volví de verdad. Volví tal y como yo era en Cuba. Inclaudicable, escapado. Tránsfuga, fulminante. Un cubano caído del futuro, en medio de las alambradas y de la mediocridad decrépita del Estado revolucionario.

Volví porque me publicaron una columna en Cuba. En una web oficial, eso no importa. Hoy la hice un poco menos oficial. La Jiribilla también ya puja por sacarse de arriba a la tiranía totalitaria y comienza a mostrar las grietas de la verdad: es decir, los síntomas clínicos y críticos de que ya nadie-nadie-nadie en Cuba quiere vivir en el pasado, ni en la mentira, ni en la manipulación, ni en la muerte.

Toqué tierra cubana de nuevo con un texto mío. Uno de esos de mis amados textos que son tan inimitables, tan íntimos para mí e intimidantes para los cubanos. Tan entrañable. Una columna de Orlando Luis Pardo Lazo de vuelta en la Isla después de justo diez años. Una opinión ficcionalizada, tecleada con el radicalismo lúdico y desquiciado de mi lenguaje, con la belleza bruta que emana de todo cuanto hago y haré, desde mi escritura extrema más allá del castrismo y de su decrepitud funeraria.

Me sentí muy emocionado. Me sentí renacer. Hacía mucho que quería volver a Cuba. Pero la maldad de un régimen semicentenario nos tiene como rehenes a los doce o trece millones de cubanos. La miseria de un sistema socialista no por reumático, menos reaccionario. No por cómico, menos cómplice. No por acéfalo, menos asesino.

Esta columna no tiene tema. El tema soy yo, que me he convertido en un fantasma, y el tema es también el cariño que le tengo y me tiene a ese cubano o cubana que publicó mi columna contrarrevolucionaria en La Jiribilla.

Estoy seguro de que él o ella lo hizo a propósito. Ojalá se haya cuidado muy bien las espaldas, en medio de aquel pantano de patrañas y delatores. Estoy rezando por él o ella, ahora. Con el corazón, que es la casa de dios más allá de mayúsculas y religiones.

Los dos hemos hecho una conexión transgeneracional, así en la distancia como en el silencio, así en la tristeza como en el brillito de los ojos, que significan lágrimas de impotencia pero también de gratitud y, sobre todo, de satisfacción por ambos haber escupido sobre el ataúd de una ideología infame, insidiosa, que pasó de lo quijotesco a lo idiotesco y del izquierdismo a la imbecilidad.

Volver a ser leído por los cubanos de Cuba, los que muy pronto van a salir de Cuba por cualquier vía para ser entonces, como yo, otros cubanos sin Cuba. No importa. Hay más tiempo que vida y más vida que Revolución. Por el momento, la paz de haber construido un puente, otro puente, que se burla de la bestialidad de los autócratas castristas enquistados en el poder.

Su era pasó. Su época ya no existe. Ahora somos los fantasmas cubanos, dentro y fuera de la finca de la fidelidad, los que iremos volviendo, poquito a poco, para deshacer el maleficio de un marxismo mal leído pero muy bien aplicado en Cuba: a rajatabla.


Gracias, anónimo o anónima con nombre en La Jiribilla. Tu acción no se quedó en la nada. La tengo entre pecho y espalda, apuntalando mis días de la cercana distancia. Y en mi memoria para siempre jamás. Un día nos daremos un abrazo sin cámaras de vigilancia ni sanciones labores. Te amo y tú allí ya lo sabes. Como mismo sé que tú me amas y sabes que yo ya lo sé. Por eso te digo sólo: “Hasta ahorita”. Ya casi, casi. 

1 comentario:

Pedro Benitez dijo...

Son muchos los cubanos sin Cuba, la herida abierta solo sana con el aire salado del malecón de los balseros. De hecho, si le explicaran a un balsero que el exilio cubano en Miami es quien alimenta tanto al pueblo de Cuba como a su opresor, el balsero respondería con sencillez y curiosidad: entonces quien suma al exilio define el futuro de Cuba; la lógica del balsero por sencilla no es menos cierta. Más que un trauma, lo de vivir sin Cuba es una tortura a pellizcos; es importante crear canales de comunicación para buscar sinergia y los fondos.