miércoles, 7 de febrero de 2018

Necrofacebooklógica


Funeraria Facebook
Orlando Luis Pardo Lazo
       
        Ya tengo más amigos muertos que amigos no muertos en Facebook. Que es como decir: ya tengo más amigos muertos que amigos no muertos en la vida real.
        Abrir mi página de Facebook me provoca una sensación muy extraña. Aquí les dejo el enlace, como testimonio de no sé qué: https://www.facebook.com/orlandoluis.pardolazo
        Por más locuras que comparto, por más chats políticos o eróticos en los que me meto, no se me quita la sensación de que ya no queda nadie allá afuera.
        De que estoy terminado, estamos terminados.
        Somos un pueblo en estado de desaparición.
        Muros y muros vacíos, repletos de información y sin pizca de sentido. Perfiles de nuestra paleohistoria posnacional. Fotos falsas, con etiquetas que nunca etiquetaron la presencia de nadie.
        Ausencia quiere decir olvido. Las almas que no se han querido da lo mismo si alejan o se acercan más.
        Mi mouse las recorre en silencio: pabellones nocturnos, claustros digitales de mármol. Mausoleo de soledades, almamenterio.
        Salto de aquí para allá, dando Likes y Shares a trote y moche, como cuando la vida incluía a una Cuba y a unos cubanos de verdad.
        Ahora el historial se nos ha ido convirtiendo en un basural.
        Timelines sin línea del tiempo. Comentarios como lápidas, memes como panteones. Ciudadanía pixelada, campañas de crowdfunding para un velorio virtual.
        Qué feo es estar vivo en este festín de fantasmas.
        Se fueron a otra parte los exiliados. Siempre me hacen la misma gracia, igualito que los cubanos. Es como si nunca hubiéramos estado aquí. La carencia de pertenencia geográfica no nos permite habitar ni siquiera en un páramo.
        Llámese web o tela de araña. Llámese red o rabia social.     Pataletas de basura blanca contra basura blanca. Reivindicaciones de negros. Atrocidades de asiáticos. Ladinos latinos. Y en medio de toda esa masa amorfa, de todo ese islam insular, vuelve aquel niño llamado Landy.
        Aquel niño llamando a Landy.
        Digamos que de adulto se llama Orlando Luis.
        Abrir Facebook es como caminar por un campo minado. Nuestra mala memoria siempre estará a punto de hacer implosión. Alzheimer es el nuevo héroe. La intemporalidad es la nueva salvación de la que hablaron dos o tres escritores malditos.
        Dos o tres malditos norteamericanos. Ya le tocará también a esta raza su turno para hacer acto de desaparición.
        Amanece en Saint Louis, Missouri. Fascismo Anti-Fa y apartheid Do-Re-Mi-Fa. Abro mi página de FB y publico este post. Solipsismo Sol-La-Si-Do. Y, para colmo, lo anuncio como un capítulo del nuevo libro que a mediados de este año 2018 me publicará Hypermedia.
        Una editorial endémica que sólo los cubanos muy enfermos leen. Les dejo el link por si acaso, como testimonio terminal de tampoco sé qué: https://www.editorialhypermedia.com
        Ya tengo el título y todo, gracias al Apóstol de la Independencia: Don José Julián Martí Pérez y olé. Se llamará Espantado de todo me refugio en Trump, como en la carta de Martí a su Marticito.
        Call me Ishmaelillo.
        Esta vez sí que los cubanólogos me matan.
        Soy así, qué le voy a hacer. La gente que me quiere me sabe entender.
        Eso es lo único que tengo por el momento. El título y la mala idea. Más un centenar de páginas, como te habrás dado cuenta, si es que has llegado leyendo hasta aquí en lugar de caer de fly.
        Con otro centenar de páginas, me basta para no dejar títere con cabeza. Será un cuaderno epitafio. Una bitácora de la barbarie y la bellaquería cubanas. Música del Titanic para mediocres totalitarios.
        Y, por supuesto, será el gran libro del trumpismo cubano. Ya lo es. Para escándalo de mis ex amigos de izquierda, que espantados de todo se refugiarán, y con razón, en Castro.
        Les he dado por la vena del gusto. Se las he puesto bien fácil, para que no se quejen después. Si los disidentes van a ser así como Landy, ellos prefieren seguir arando con la Revolución.
        Plebiscito ni pinga.
        Genial. Todo un pueblo trabajando a brazo partido con tal de que en Cuba no ocurra ni el menor conato de cambio.
        Este será el libro de la derecha cubana que vendrá, esa ausencia atávica que debió de llamarse decencia y terminó siendo senescencia.
        Desde Fulgencio Batista y su constitución comunista de 1940 carecemos en Cuba de una derecha. Somos zurdos a matarnos, literalmente.
        Y, con suerte, será también, o al menos yo rezo para que lo sea, el gran libro del sionismo cubano.
        Necesitamos tanto a un sionismo.
        Lástima que al exilio cubano, desde el mismo jueves 1ro de enero de 1959, esa urgencia parece que se le olvidó.
        No hicimos nada para encontrar la otra tierra prometida. O para inventárnosla. Ni para imponérnosla a nosotros mismos.
        A falta de Isla, indigencia de imaginación.
        La imaginación del pueblo cubano era verde y se la comió un barbudo vestido de verde oliva.
        Muerto Fidel, se acabó la Revolución.
        Muerto Fidelito, la Revolución resucitó como el Ale Fénix, el primogénito tuerto de Raúl Modesto Castro Ruz: Ave, Alejandro, los que van a postear te saludan.
        Aquí están nuestros esqueletos rumberos. Dejaremos un reguero de huesitos para los arqueólogos de la academia del Primer Mundo. Una tanda de tibias contaminadas con astillas de peroné. Olécranos olorosos a XXI, entre los esternones estéticos del siglo XX.
        Estertores.
        Y aquí no ha pasado nada. No somos nada.
        Nos quedamos en la calle y sin llavín. Olvidamos nuestra contraseña de Facebook para el carajo. Y ahora ya no hay manera de recuperarla.
        Discúlpenme la trova, caballeros. Aunque esta descarga no haya sido culpa de nadie.
        A ver para qué se pusieron a morirse en Facebook todos ustedes. Qué trabajo les costaba irse a morir offline una muerte real.
        Calabaza, calabaza.

        Cada cual con su cadáver a casa.

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