viernes, 18 de mayo de 2018

2008-2018



OTRAS PALABRAS SOBRE LAS PALABRAS
Orlando Luis Pardo Lazo

Para los cubanos, el año 1989 marcó no tanto el fin del Sistema Socialista Mundial, como el inicio de la más absoluta crisis de nuestra sociedad: el llamado “Período Especial de Guerra en Tiempos de Paz”, incluida la amenaza de una “Opción Cero” donde sobrevivir en condiciones similares a las del hombre primitivo.

Las noticias de la URSS y Europa del Este nos llegaron deformes y muy filtradas, levantando más paranoia que entusiasmo popular. La fiesta fue narrada como un fiasco por nuestros periódicos. Se habló incluso de “maniobras de la CIA” y “triunfo de las fuerzas reaccionarias”. La prueba de la supuesta traición de la que habíamos sido víctimas era nuestra economía abandonada a su suerte. Así, Cuba se encerró en un escenario apocalíptico donde saborear su claustrofobia, sin necesidad de cambiar al ritmo de los nuevos tiempos.

Paradójicamente, el campo literario cubano fue entonces que se atrevió a salir de su ostracismo provinciano. La descentralización del Estado dejó muchas grietas libres del control gubernamental y, por esos túneles de respiración, nuestra literatura emergió al aire libre del “mercado internacional”, con todas sus maravillas y mediocridades.

Nunca como en la década de los noventa los cubanos publicaron tanto (y viajaron y residieron) en otros países. Nunca como en esa década decadente entraron tantos libros prohibidos de contrabando a la Isla. Entre nosotros, la liberación post-comunista se anunció perversamente gracias al empobrecimiento material y moral del país.

Por primera vez en la Revolución se aprobaron reformas económicas de corte capitalista, incluida la circulación del dólar como moneda paralela. Las Iglesias se volvieron a llenar y las procesiones de las vírgenes pasearon otra vez por las calles de Cuba. La cultura bebió enseguida de todo ese collage (aunque no siempre todo se pudo hacer público): solidaridad y despotismo, corrupción y caridad, amor rentado y fidelidad, emigración ilegal y crimen, barroco y realismo sucio, perversión y poema.

En cualquier caso, nuestro idilio ideológico terminó para siempre en 1989, quedando en su lugar apenas la inercia partidista de la hipocresía.

Ahora, a punto de concluir la primera década del siglo XXI, las instituciones cubanas se recuperan poco a poco de la debacle, y, como en una guerra, pretenden re-ocupar el territorio perdido. En el “frente de batalla” de la cultura, los escritores y periodistas independientes son mirados oficialmente como una plaga. La disidencia se asume como sinónimo de deserción y la oposición como sinónimo de oprobio. Publicar un blog personal crítico se interpreta como un acto mercenario. En esta cuerda floja se compromete la salud futura de la blogosfera cubana dentro de la Isla.

Precisamente por jugar a la libertad de expresión en internet (en mi blog LUNES DE POST-REVOLUCIÓN y en el e-zine THE REVOLUTION EVENING POST), mi libro BORING HOME fue expulsado de la Editorial Letras Cubanas en 2009, cuando ya estaba en la imprenta para ser lanzado en la Feria Internacional del Libro de La Habana, en febrero de este año.

Nunca se me comunicó de manera oficial tan grave prohibición: simplemente los funcionarios del Instituto Cubano del Libro me retiraron (literalmente) la palabra. Al parecer, yo era culpable por mis columnas digitales y los editores estaban muy ofendidos conmigo. También se me atacó de manera personal en portales virtuales como Kaos en la Red. Sin embargo, nadie nunca polemizó políticamente conmigo. La táctica era borrarme como intelectual y meterme en la camisa de fuerza de un enemigo de clase.

Al parecer, el Estado no contaba con qué clase tan formidable de enemigo yo les iba a resultar. Hasta el día de hoy.

Aunque contó con apoyo ministerial, policial, y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el censor de BORING HOME era apenas un burócrata más que, a su vez, hoy ya ha sido expulsado de su cargo por el propio Ministro de Cultura. A la ira de ese soldado anónimo o verdugo de la verdad debería estar dedicada esta edición príncipe de BORING HOME.

Pero no. Los totalitarios no se merecen ni una tajada de eternidad. El castrismo es una cosa que pertenece completamente al pasado.

De todas formas, soportando una presión psicológica de guerra sucia, un grupo de blogueros, músicos, fotógrafos, performers, periodistas, poetas y narradores cubanos lanzamos independientemente una versión digital de BORING HOME durante la propia Feria Internacional del Libro de La Habana, el lunes 16 de febrero de 2009 a las 3 PM. Simultáneamente se liberó el libro en internet. Lo hicimos no como un acto heroico, sino como una mínima justicia con un libro prohibido no tanto por su contenido sino por su autor. De hecho, varios de los relatos de BORING HOME ya habían ganado premios literarios nacionales y aparecen en antologías oficiales del Cuento en los 50 años de la llamada Revolución.

Llamada, no. Revolución y bien. Porque el concepto de Revolución es tan destructivo como el de tiranía.

A esa solidaridad de los colegas presentes allí, ante los muros del Castillo kafkiano de La Cabaña, dedico una década después mi memoria de hogar aburrido en el exilio.

Mi mensaje de cara al futuro cubano es de armonía y reconciliación. También de debacle. La libertad de las letras cubanas no depende de ninguna editorial Letras Cubanas. La censura en el mundo, además de obscena es ya un fenómeno obsoleto.

Con o sin libros de papel, con o sin revistas digitales por correo electrónico, con o sin internet, incluso con o sin lectores cubanos, la literatura de la Isla, por suerte, ya nunca será aquella misma miedosa que pedía permiso para paladear cada página, cada párrafo y cada palabra. Se acabaron de una vez y por todas el abuso y la humillación a sueldo del Estado cubano.

Como lectores, somos un pueblo sin fronteras. Ya va siendo hora de este tardío pero definitivo despertar post-nacional.

Buenos viernes a todos los cubanos sin Cuba que me escuchan. Y muchas gracias por todo desde La Habana del día de mañana.

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