lunes, 14 de mayo de 2018

Leinier Domínguez y los tristes trebejos del totalitarismo cubano


Leinier, Leinier: dinos qué otra cosa tenemos que hacer…
Orlando Luis Pardo Lazo


Leinier Domínguez se quedó en los Estados Unidos de América. Punto y aparte.

Esta noticia es lo único que nadie se atreve a publicar sobre nuestro más grande genio del ajedrez. Por eso es que el periodismo cubano, dentro y fuera de Cuba, impreso en papel o como píxeles en digital, además de tener un estilo tan estéril, no es más que puro tapujo. Tapadera y tembladera: un oficio de ofidio donde se cobra más, mientras más cómplices seamos de la cobardía.

Por si tú no lo sabes, Leinier Domínguez es nuestro Capablanca contemporáneo del juego ciencia. Un joven de 34 años, nacido y criado en Güines, que hace rato está dentro de la élite del ajedrez internacional. El cubanito, además de un excelente ser humano (que, por eso mismo, no simpatiza con la ideología ni la represión comunistas), es un extraclase entre los extraclases del ajedrez, llegando a estar en el lugar 10 del ranking mundial, con un astronómico ELO de 2768.

Leinier Domínguez es, por lo tanto, un orgullo para toda Cuba y para cada uno de los cubanos, vivamos donde vivamos, sepamos o no mover un peón o dar el jaque mate pastor.

Pero hay una excepción. Por supuesto. En el totalitarismo nadie se escapa. Leinier Domínguez no es un orgullo para el régimen dictatorial de La Habana y mucho menos aprecian su talento los agentes secretos del Ministerio del Interior. De ahí su caída en desgracia.

Empecé diciendo que Leinier Domínguez se quedó en los Estados Unidos de América. Lo repito aquí ahora. No estoy revelando un secreto, por más que la prensa cubana se encargue de negarlo. Además, esta información es la única que le interesa manejar a los especialistas de la Seguridad del Estado cubana. Y esos personajes perversos del MinInt hace ya mucho rato que saben esta verdad. Es probable que lo supieran incluso antes de que el propio Leinier Domínguez tomase la decisión de quedarse en los Estados Unidos de América.

De hecho, hace mucho que el G-2 cubano tiene al Gran Maestro cubano en su mirilla mortal. Hace mucho que Leinier Domínguez les resulta sospechoso, incómodo, para nada confiable. Acaso por eso hace mucho que lo han querido reclutar discretamente como un agente de influencia, para entonces ponerlo en función de la propaganda política de convertir, una vez más, a la tiranía cubana en una Revolución.

De ahí que ahora por fin hayan oficialmente excluido a Leinier Domínguez de la selección nacional cubana que irá a jugar en la próxima Olimpiada de Ajedrez, a celebrarse en septiembre de este año en Batumi, Georgia, una tierra pródiga en prodigios del ajedrez, como las campeonas mundiales Nona Gaprindashvili (de 1962 a 1978) y Maya Chiburdanidze (de 1978 a 1991).

Según Carlos Rivero, un funcionario del Partido Comunista que funge como Comisionado Nacional de Ajedrez, la ausencia de Leinier Domínguez será sólo “temporal”. Y, por supuesto, según Rivero no se trata de censura sino de una regulación burocrática, ya que desde el 2017 Leinier Domínguez solicitó un período de “inactividad competitiva” para solucionar problemas personales (lo cual es cierto). Pero, “cumplido ese período, y ante nuestra convocatoria de reincorporarse para participar en el Capablanca 2018, manifestó que aún no ha resuelto su situación”.

La “situación” de Leinier Domínguez, como la situación de todos los cubanos libres, es obtener (y él está en todo su derecho de obtenerla) la Residencia Permanente en los Estados Unidos de América. Para eso, nuestro mejor GM necesita por lo menos vivir un año y medio en libertad: es decir, sin salir fuera del territorio norteamericano. Preferiblemente, sin regresar a la isla-cárcel de los Castros y sus mediocres gendarmes como Carlos Rivero.

Este agente Rivero llegó a tener la desvergüenza de afirmar en público que Leinier Domínguez todavía puede ser perdonado por el régimen, e incluso volver a jugar con el Equipo Cuba de ajedrez, pero únicamente si así lo deciden los déspotas del castrismo (y no los comisionados del ajedrez, como se supone lo sea él). O sea, “siempre con la previa aprobación de las autoridades en la Isla”.

Para colmo, dice Rivero que Leinier Domínguez “se ha mantenido en contacto con nosotros y ha ratificado su decisión de no defender nunca otra bandera que no sea la cubana”. Como si fuera un crimen jugar por otra federación y volver a jugar luego por el país natal, como es tan común hacerlo hoy día en democracia, según los flujos y reflujos del mercado cosmopolita del ajedrez.

Por desgracia, al GM Leinier Domínguez la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) lo borró de su ranking global desde noviembre de 2017, incluso siendo el mejor de todos los ajedrecistas iberoamericanos con un ELO de 2739 puntos. Se trató, por supuesto, de otra regulación burocrática, pues nuestro campeón no puede jugar partidas oficiales en USA (ni tampoco en ninguna parte) ya que Cuba se lo prohíbe, y, además, porque él no se atreve, por el momento, a jugar con la bandera de otro país.

Espero que Leinier Domínguez no tenga miedo. Lo más probable es que el gobierno cubano lo esté chantajeando con no dejarlo entrar nunca más a Cuba, como mismo chantajean a cientos de miles de cubanos.

La página gubernamental CubaDebate casi acusa a Leinier Domínguez de “que incumplió con el plazo de una licencia que le otorgó la Federación de ese deporte en Cuba”. Lo que no menciona Cuba Debate es que, en la actualidad, Leinier Domínguez ya reside en La Florida, EUA, donde se desempeña como comentarista online del sitio web especializado Chess24Así se gana la vida nuestro Capablanca contemporáneo, además de con sus propios ahorros, y con la ayuda solidaria de tantos y tantos (no sólo cubanos) que lo admiran por su gran talento y su aún más grande generosidad.

No hay ningún motivo para que el régimen castrista le impida al mejor jugador de ajedrez cubano ir a jugar con el Equipo Cuba a la Olimpiada de Batumi. De hecho, en septiembre de este año, Leinier Domínguez bien podría volar por sus propios medios desde los Estados Unidos hasta Georgia. Pero eso sería pedirle demasiado a la tiranía cubana que ha secuestrado no sólo al ajedrez y a los ajedrecistas cubanos, sino a toda la esfera pública y a la ciudadanía nacional.

La culpa no la tiene únicamente el tirano Raúl Castro Ruz y su ejército de matones llamado el Ministerio del Interior. No. La culpa cívica recae también sobre los colegas cubanos de Leinier Domínguez, esos otros grandes maestros que no son capaces de reclamar esta insultante injusticia, y que irán, como tristes trebejos del totalitarismo, a jugar ajedrez a sueldo del Estado cubano en una Olimpiadas de ajedrez sin nuestro ajedrecista insignia Leinier Domínguez.


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