jueves, 30 de agosto de 2018

Todos los pocos de patria

Todos los pocos de patria
Orlando Luis Pardo Lazo

Cuando vino mi abuela
trajo un poco de tierra española.
Cuando se fue mi madre
llevó un poco de tierra cubana.
Yo no guardaré conmigo ningún poco de patria:
la quiero toda
sobre mi tumba.
CARILDA OLIVER LABRA (1926-2018)


Cuando parecía que nunca iba a morir, ha muerto Carilda Oliver Labra. Tenía 96 años.
Para ser una poeta cubaba, había vivido demasiado.
Vio mundos enteros hacerse añicos en su natal Matanzas, gracias al frenesí energúmeno de la Revolución, capaz de desbaratarlo todo. Incluida la eternidad.
Asistió al holocausto geriátrico de más de una generación. Al final, ya todos sus contemporáneos eran cadáveres. Éramos cadáveres.
Amó como una perra, como una caballa. También, como una libélula. Porque fue hembra como ella sola. Mujer a matarse, mujer de amarrar. Y tardará siglos para parir en la Isla a otra hembra así.
Carilda Oliver Labra, yo te quería.
        Con tus versitos del Ché y Fidel y todo, no me importa. Pero el amor es más grande. Pero el amor es más grande.
Con tu sonrisa de estrella porno profesional, de diva provinciana.
Con tu condescendencia para los cubanos que te singaron a la burdajá, porque el castrismo los convirtió en seres solos y desesperados. Sin Dios y sin Estado. Hombres sin alma, abandonados a sus delirios solipsistas de semen y solidaridad.
Con tu orfandad de hijos. Sé por fin ahora mi madre. Y ámame desde la muerte, mamá. Mira, que ya te extraño.
Con tu bahía de azul coagulada en cada uno de tus ojazos. Una bahía tan abierta como tus patas, aortas abiertazas al estilo de la bahía no tan geográfica como espiritual de Matanzas.
        Yo te quería, Carilda del corazón anacrónico con que exilio ergo existo, con todos los pocos de patria que por fin ya están completos sobre tu tumba.
        Mientras los desconocidos cubanos esperábamos aspaventosamente el fin de la Revolución, tú te estabas muriendo en un silencio hecho de vida y verdad. Y este miércoles de las madrugadas con manantiales de Matanzas, nadie mejor que tú lo sabía.
        Descansa en poema, mi amor.
Mi novia de la otra vida.

1 comentario:

Miguel Iturria dijo...

Auténtico e irreverente, Orlando. Una vez más. Una mirada excepcional sobre la poetisa cubana Carilda Oliver Labra, hija de gallegos como los Castro, que en el Infierno descansen, si es que existe el Infierno. Te desordenas, Orlando, como Carilda, la poeta de los 50 que atravesó tantas convenciones como amoríos, mitos, certezas, frustraciones y fantasías. Hasta Reinaldo Arenas la evocó en su memorioso y esperpéntico Antes que anochezca. Carilda se coló en la inmortalidad del Homus literario cubensi. Saludos mediterráneos, Miturrias