sábado, 16 de marzo de 2019

DE LA HABANA A MISSOURI (2012)

http://delahabanalcielo.blogspot.com/2012/05/en-esenciaorlando-luis-pardo-lazo.html

sábado, 5 de mayo de 2012


En esencia...Orlando Luis Pardo Lazo




De mi niñez recuerdo...
El rojo. Era mi color preferido. Ahora ya no prefiero ninguno. 

Ahora nada es tan intenso como al inicio del mundo. El rojo 
tejido en una enguatada hecha a mano, sobre el uniforme 
pioneril de Mayté, en los inviernos de los años setenta en 
aquella escuelita primaria Nguyen Van Troi que todavía existe 
(¿cómo los niños conseguíamos pronunciar semejante nombre?). 
Un rojo iluminador, como su sonrisa de cuarto grado. Un rojo 
manso y misericordioso en medio de la violencia natural entre 
niños, con sus ciclos de broncas y delaciones y lemas marxistas 
y amenazas de una “nota en el expediente” si te portabas mal. 
Un rojo salvador en las aulas devenidas jaulas, al menos para mi 
carácter introspectivo. Un rojo que nunca olvidaré y que acaso 
sea mi única posesión cuando muera. El rojo fuego eterno y 
efímero de mi primer amor.

De mi adolescencia...


El miedo. Cada cambio de clase, cada cambio de escuela, 

cada cambio de amigos (y en Cuba los amigos todos se van), 
cada cambio en el cuerpo (y en la adolescencia el cuerpo es 
siempre misterio y milagro): el miedo lo minaba todo. Un miedo 
excitante, que daba ganas de vivir. Un miedo de felino que observa, 
presto, a ratos artero, a la vez que teme ser observado. Un miedo 
que era puro tiempo presente cristalizado, tensión y atención máximas. 
Un miedo de luz, de lucidez atroz. Un miedo que cuando se pierde 
luego deja como un eco hueco en tu vida. Y entiendes entonces 
que has comenzado poco a poco a incubar tu cadáver.

La isla es...


Nunca. La Isla es una prisión donde la libertad sí tiene cabida. 
Ser felices en medio de una guerra grosera. Ignorar la línea ilusoria 
de las alambradas, cruzarlas de primera intención. El disparo por la 
espalda será entonces nuestra última y definitiva liberación.

Sueño...
Sueño que soy inmortal, como William Saroyan, todavía incrédulo 

de remate en su lecho terminal. Sueño que mis amigos muertos 
están a punto de renacer. Sueño que río y río y no puedo parar de reír, 
con una alegría tan desbordante que me despierto con falta de aire, 
atorado. A veces sueño que hago el amor, y resulta muy físico, 
y aún más premonitorio. Sueño que me cortan o que me disparan, 
pero es un sueño tolerable, y no se asocia con un complejo de 
persecución ni ningún lugar común por el estilo. Sueño con el diablo, 
aunque no creo en el diablo, pero siempre sé desde el inicio en los 
sueños en que se me aparecerá, trasmutado en gente querida, 
y son escenas de una luz muy opaca, pero preciosa. Sueño con Fidel, 
aunque no creo en Fidel, como William Figueras (ese otro poseso 
de las palabras), y en el sueño quiero complacerlo en todo para 
demostrarle que él hubiera podido confiar en mí. Y no hay ninguna 
asociación entre estos dos últimos sueños: no sean mal intencionados, 
por favor.

A la vida le pido...
Dejar de soñar. Soñar, agota. Agobia.

Lo que soy...
Me considero un escritor. Es decir, un lector. Alguien que practica 

la capacidad de asociación como instinto de conservación contra 
la desmemoria. Cada foto es un conato de relato mudo, un apunte. 
Cada performance o video, también. El arte es artimaña.

Ausencia de odio y rencor...
No tiene cabida. No puedo ni quiero darle cabida. Cuando ha 

irrumpido, ha sido terrible: una obnubilación suicida y mitad 
criminal. No sé odiar sin morirme y morir al mundo. Y luego el 
alma no sana nunca. Queda siempre una cicatriz (una psicatriz). 
Hay que ser un héroe de verdad (y no precisamente un patriota, 
sino todo lo contrario) para salirse de esas ráfagas de resabio patrio 
que deshumanizan al hombre. Yo lo he sido.

Me inspira...
Todo. El aire que inhalo y exhalo. Nada. El aire que inspiro y expiro. 

Mi escritura tiene algo de displacer, de contracorriente, de 
des-inspiración. Es un gesto forzado. Miro a mi alrededor y me doy 
cuenta de que lo natural sería el silencio. En ese sentido, soy una 
anormalidad. El idiota de la familia, el que ignora el sinsentido 
de la fidelidad. El que traicionará a los suyos, siendo el único 
que verdaderamente creyó en ellos y los amó.

Si fuese canción...
Seguramente una sin letra. O cuya letra no se entienda o nadie 

la pronuncie bien. Quién sabe si Because, de The Beatles, 
descubierta una madrugada de 1989 en Radio Progreso, mientras 
estudiaba como un endemoniado dostoiévskico para ingresar 
en Bioquímica en la Universidad de La Habana (y lo logré, a pesar 
de ser sólo 21 plazas a nivel nacional: la Seguridad del Estado 
no puede hacer nada ahora al respecto, ya no son dioses como 
en los tiempos de la Revolución). Quién sabe si Dreamer, de Europa, 
que ni el grupo Europa recuerda. Quién sabe si nuestro 
Himno Nacional, que a solas, sin esa fanfarria militar que en 
Cuba es sinónimo de sociedad, se deja escucharse como una 
melodía lánguida de derrota y amor (se llama libertad residual 
de lectura), como un acorde que nos acompaña mientras 
la vida cambia mansamente de color.

Si tuviese que escoger un poeta sería...
Uno malo. Uno que ya no use palabras, sino pedradas en prosa. 

Uno que nadie en el planeta libre pueda googlear. Uno cubano. 
Luis Marimón, por ejemplo, liando cigarrillos con los mecanuscritos 
de sus mil y un libros inéditos (antes de exiliarse y exprimir hasta 
la muerte súbita sus órganos con alcohol). Juan Carlos Flores, 
por ejemplo, resistiendo a la insania en su apartamentico 
desguazado de un cenotafio obrero llamado Alamar. O, mejor, 
uno peor: Jorge Alberto Aguiar Díaz (JAAD), por ejemplo, 
maestro lama cuya poesía apócrifa deberé reescribir 
entera algún día.

Mi musa...
Gia. Gia, mi amor. Gia, la gatica que fue nuestra hija y nuestra 

mamá. Gia, la que lo supo todo y fue mejor que todos. Gia, 
la que vino traída por un golpe de viento en el barrido barrio 
de Buenavista y que, por un mediocre golpe de muerte mezquina, 
se nos fue en menos de un año, cuando yo quería que viviese 
para siempre junto a nosotros, incluso más que nosotros. Gia, 
la que hablaba a toda hora, en un lenguaje que no hacía falta 
traducir porque era la belleza absoluta. Gia, la que está enterrada 
en un patio de otro desvencijado barrio habanémico llamado Lawton. 
Gia, cuyos ojos eran planetas habitados. Gia, la de los labios góticos 
y la cola de zorra. Gia, a quien era inevitable hacerle el amor a trío 
(Silvia y yo fuimos la mamá y el papá de sus tres gaticos). 
Gia, mi amor. Gia.

Un cielo...
El de tu blog. El del nunca. Imagina un sky with diamonds 

but with no heaven. Ciertos cielos rabiosamente electrificados 
de Matanzas, ciudad de puentes que ya no giran ni dejan pasar 
los barcos (ni los trenes, ni los ríos de manantiales moribundos, 
ni el tedio del tiempo en plena post-revolución). El cielo 
copado de estrellas de un diciembre en Guadalajara, Jalisco, 
México, América del Norte (lo más cerca que estuve de esa 
obsesión nacional llamada los Estados Unidos, y donde todos 
me hablaban mal de los gringos y me forzaban, con tequila 
gratis, a hablarles bien de Fidel: mientras más despotismos 
yo les narraba, sólo conseguía potenciar su admiración). 
El cielo que no veré, el de un sueño donde los astros giraban 
hasta fugarse por el cenit para caer sobre la tierra (muchos 
años antes del filme Melancolía de Lars von Trier). Un cielo 
parecido, pero con la luna hueca en un verso de Elizabeth Bishop. 
La frase “mi cielo”, que tantos cubanos hemos aprendido a 
olvidar decirla, pero que sobrevive de cara al futuro que 
nunca será en el personaje de Francis, del Boarding Home 
donde se mató Guillermo Rosales. Esos cielos, mi cielo.

Un poema...
“Isla”, de Virgilio Piñera, escrito en la Cuba descascarada de 1979, 

a ras de su propia muerte tras una década decadente de ostracismo 
y tristeza totalitaria:

Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol, la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?



Desde este humilde blog quiero agradecer la amabilidad, 

generosidad y querencia al haber puesto entre mis manos 
parte de su esencia. Aquí la tenéis para que a partir 
de este momento pueda volar.



https://translatingcuba.com/from-havana-to-heaven-to-nothing-orlando-luis-pardo-lazo/




From Havana to Heaven to Nothing / Orlando Luis Pardo Lazo


I bare myself in discourses in the blog delahabanalcielo.blogspot.com/2012/05/en-esenciaorlando-l…
In essence… Orlando Luis Pardo Lazo
From my childhood I remember…
Red. It was my favorite color. Now I don’t prefer any. Now nothing is as intense as it was at the beginning of the world. The red fabric in a handmade sweatshirt, worn over Mayte’s Pioneer uniform, in the winter of the seventies in the Nguyen Van Troi primary school that still exists today (how could we kids pronounce such a name?). A red beacon, like her fourth grade smile. A meek and merciful red amid the national violence of children, with its disputes and denunciations and Marxist slogans and the threats of “a note on your record” if you misbehaved. A red savior in the classrooms-turned-cages, at least for my introspective character. A red that I never forgot and that may be my only possession when I die. The eternal and ephemeral red fire of my first love.
In my teens…
Fear. Each change of class, each change of schools, each change of friends (and in Cuba friends all leave), each change in the body (and in adolescence the body is always mystery and miracle): the fear undermined everything. An exciting fear, that made you want to live. A feline fear that observes, ready to pounce, sometimes cunning, at the same time afraid of being observed. A fear that was pure present tense crystallized, maximum tension and attention. A fear of light, of atrocious lucidity. A fear that when it is lost later leaves a hollow echo in your life. And then you understand that little by little the incubation of your cadaver has begun.
The island is…
Never. The island is a prison where freedom does have a place. To be happy in the midst of a crude war. To ignore the illusory line of the bars, to cross them at the first intention. The bullet in the back will be our last and final liberation.
I dream…
I dream that I am immortal, like William Saroyan, still incredulous on his deathbed. I dream that my dead friends are about to be reborn. I dream I laugh and laugh and can’t stop laughing, with a joy so overwhelming I wake up choking. Sometimes I dream I make love, and it’s very physical, and even more foreboding. I dream they cut me or shoot me, but this is a tolerable dream, and I don’t associate it with a persecution complex or anything like that. I dream of the devil, though I don’t believe in the devil, but I always know from the start in dreams where I appear, transmuted into loved ones, and there are scenes in very dim lights, but beautiful. I dream of Fidel, though I don’t believe in Fidel, like William Figueras* (that other possessor of words), and in the dream I want to please him in everything to show him that he can trust me. And there is no association between those last two dreams: please, they are not malicious.
Of life I ask…
To stop dreaming. To dream, exhausted. Overwhelmed.
What I am…
I consider myself a writer. That is, a reader. Someone who practices the capacity of association as self-preservation against forgetting. Each photo is mute attempt at narrative, a sketch. Each performance or video, also. Art is a ruse.
Absence of hatred and resentment…
It has no place. I can’t nor do I want to accommodate it. When it has broken, it has been terrible: a suicidal and almost criminal fog. I don’t know how to hate without dying and being dead to the world. And then the soul is never healthy. There is always a scar. It takes a real hero (and not just a patriot, but the exact opposite) to emerge from these bursts of patriotic memories that dehumanize a man. I’ve been there.
I am inspired by…
Everything. The air I inhale and exhale. Nothing. The air I breathe in and out. My writing has something of displeasure, a countercurrent, an un-inspiration. It is a forced gesture. I look around me and realize that what is natural would be silence. In that sense, I’m an anomaly. The family idiot, who ignores the fidelity nonsense. The one who will betray his people, being the only one who truly believed in them and loved them.
If I were a song…
Surely one without lyrics. Or whose lyrics no one understands or knows how to pronounce. Who knows the Beatles’ Because, discovered one morning in 1989 on Radio Progresso, while studying like a Dostoyevskian madman to get into the Biochemistry program at the University of Havana (and succeeding, despite there being only 21 places for the whole country: State Security can’t do anything about it now, they’re no longer gods like in the times of the Revolution). Who knows Dreamer, by Europa, which not even the group Europa remembers. Who knows our National Anthem, by itself, without the military fanfare that in Cuba is synonymous with society, left to listen to as a languid melody of defeat and love (called residual liberty of reading), like a chord that accompanies us while life gently changes color.
If I had to pick a serious poet…
A bad one. One who no longer uses worse, but rather stones in prose. One whom no one in the free world could Google. A Cuban. Luis Marimón for example, rolling cigarettes with his manuscripts in their thousands and unpublished books (before he exiled himself and soaked his organs in alcohol until he died). Juan Carlos Flores, for example, resisting the insanity in his tiny apartment disguised by a worker’s cenotaph called Alamar. Or better, a worse one: Jorge Alberto Aguiar Diaz (JAAD), for example, master lama whose apocryphal poetry I must completely re-write some day.
My muse…
Gia. Gia, my love. Gia, the kitten who was our daughter and our mom. Gia, who knew everything and was better than everyone. Gia, brought in on a gust of wind in the decrepit neighborhood of Buenavista and who, from a mediocre death blow left us in less than a year, when I wanted her to live with us forever, even longer than us. Gia, who I talked about all the time, in a language that needed no translation because she was the absolute beauty. Gia, who is buried in the yard of another decrepit anemic Havana neighborhood called Lawton. Gia, whose eyes were fully inhabited planets. Gia, with her gothic lips and fox’s tail. Gia, who inevitably made it a love triangle (Silvia and I were the mom and dad of her three kittens). Gia, my love. Gia.
A sky…
That of your blog. That of never. Imagine a sky with diamonds but with no heaven. Certain rabidly electrified skies of Matanzas, city of bridges that no longer turns nor lets pass boats (nor trains, nor the rivers of moribund springs, nor the tedium of post-revolution time). The sky capped with the stars of a December in Guadalajara, Jalisco, Mexico, North America (the closest was that national obsession called the United States, where everyone talked badly to me of the gringos and forced me, with free tequila, to speak well of Fidel: no matter how many despotisms I told them of, I only managed to increase their admiration). The sky I will not see, of a dream where the stars turn to flee through the zenith to fall upon the earth (many years before Lars von Trier’s film Melancholy). A sky like that, but with the hollow moon of an Elizabeth Bishop verse. The phrase “my sky,” that so many Cubans have learned to forget to say, but that survives for the future will never be in the character of Francis, of The Halfway House where Guillermo Rosales killed him. These skies, my sky.
A poem…
Island,” by Virgilio Piñera, written in the peeling Cuba of 1979, at the time of his own death after a decaying decade of ostracism and sad totalitarianism:
Although I am about to be reborn,
I will not proclaim it to the four winds
nor feel myself a chosen one:
it was just my luck,
and I accept if because it is not in my hands
to refuse, and it would, moreover, be a discourtesy
which a distinguished man should never commit.
It’s been announced to me that tomorrow,
at six past seven in the evening,
I will become an island,
an island as islands usually are.
My legs will make land and sea,
and slowly, like a Chopin andante,
trees will begin to come from my arms,
roses from my eyes and sand from my chest.
In my mouth the words will die
so that the wind can howl at its pleasure.
After, lying as islands usually do,
I will look fixedly at the horizon,
I will see the sun rise, the moon,
and far now from any anxiety,
I will say very softly:
so it was true?


From this humble blog I want to thank your for the kindness, generosity and fondness, for your essence that you have put in my hands. Here you have it so that from this moment you can fly.
*Translator’s note: A character in Guillermo Rosales’s novel The Halfway House.
May 5 2012

MEMORIAS DE MARIMÓN


PUEDES COMPRAR UNA SELECCIÓN DE LA POESÍA DE LUIS MARIMÓN (ANTOLOGADA POR SU HIJA YANIRA MARIMÓN QUE VIVE EN MATANZAS) EN ESTE ENLACE:

https://www.amazon.ca/Antolog%C3%ADa-po%C3%A9tica-Selecci%C3%B3n-Yanira-Marim%C3%B3n/dp/1496193938/ref=sr_1_1


CRONOLOGÍA DEL VÉRTIGO Y EL NAUFRAGIO
Orlando Luis Pardo Lazo

Entre cuarteles y cuarterías, entre tramas y traumas, entre bibliotecas y burdeles, entre demonios y demoliciones, entre arpas y arpías, entre traiciones y tiburones, desde su jergón lunático y desde su lúgubre jerga, trastabillando a ras de la locura con tal de arañar un poco de lucidez, cuerdo de remate, sin más coraje que todo el miedo del mundo, sin más herencia que la soledad suya y del resto, suicidándose a diario en el duro oficio de sobrevivir: a la vuelta de una década regresa ahora la palabra de Luis Marimón (La Habana, Cuba, 1951 - Las Vegas, EUA, 1995), poeta de todas las barbaries que en la historia han sido, incluidas las de esa entrañable y sangrienta ciudad llamada Matanzas ("ninguna ha tenido nombre más perverso"), donde él amó y odió y fue libre y preso y parió y mató y finalmente huyó para quedarse siempre, convertido en mito y meta de nosotros, sus lectores sobremurientes a lo largo y estrecho de ésta y de cualquier otra geografía.

"Cronología del vértigo y del naufragio" (Ediciones Unión, 2007) es el objeto libro portador del milagro. Cincuenta poemas de ocho libros, en su mayoría inéditos. Y aún así se trata, por supuesto, apenas de una mirada al sesgo, casi al azar, al azoro de un poeta que se privó de su siglo XX literárido local. No le interesaba gran cosa, aunque lo conocía al dedillo (su genialidad nunca fue la de un improvisado). Antes bien, le daban un poco de risa todos nuestros grandes ismos y grupos y manifiestos. Sospecho que Luis Marimón sabía de los años cero que después habitaríamos sin él, al borde mismo de una literatura posnacional. Sospecho que él no tenía prisa y por eso vivió a tope de velocidad. Sospecho que él sospechaba ser un inmortal y decidió darse el lujo de escribir desde y para la memoria de los muertos: el mejor signo vital de cualquier creador.

Al margen de todo canon o contracanon y ausente de honor de las antologías (f)iniseculares cubanas, esta lonja de los vértigos y naufragios de Luis Marimón se publica por fin ahora. Sea ésta, pues, su eufórica victoria. Y también su más auténtico y remoto exilio a pesar de él, que dejó escrito "no permitiré el exilio ni la lejanía" mientras la existencia se le iba destejiendo irónicamente al revés: el inxilio y la cercanía tampoco nunca nos lo permitieron a él.

Como antologadores o acaso médiums de Luis Marimón, su hija Yanira y yo devoramos los mil y un paquetes de papel cebolla donde el propio poeta tecleaba sus textos y, llegado el caso, los usaba después como materia prima para liar cigarrillos: el humo ingrávido como destino y desatino de su mejor escritura. Entre Yanira y yo resucitamos de texto en texto la bocanada deliciosa y amarga de su lectura: sus exorcismos rabiosos y sus excelsas cartas de amor junto a la boca diabólica de un manantial angélico de La Marina, su barrido barrio de Matanzas, Cuba y América.

Así, Yanira Marimón y yo tanteamos a ciegas los retazos de esta biografía cubana literalmente a matarse. Más allá de taxidermias y provincianismos arcaicos, la patria política de Luis Marimón rechina en cada esquina de su poética, que es una y es múltiple. La nota de contracubierta de Alfredo Zaldívar parece leerlo también así, entre el largo aliento y el fulgor breve, como bibliotecario del infierno o como bufón del rey: claro, oscuro, clásico, caballeresco, desenfadado, desfachatado, impecable, desaliñado, elitista, libresco, culterano, marginal, cotidiano, soez, mínimal, trascendentalista, lúdico, inmediato, atávico, entre otros rayos peculiares que distinguen a los poetas de estirpe.

No sé. Si escribir es autodestruirse, entonces Luis Marimón escribió: única manera de autoconstruirse, incluso con parches de nada y con jirones del caos, significados de una "perfecta y asombrosa tristeza", "árida música que llega desde lo alto como una lluvia venenosa, finísima", "sus leves osaturas grabadas como símbolos" aún por descifrar entre "las cornamentas del uro y las garras del tigre". Poesía sustantiva a pesar de su propia sobreadjetivación. Barroco barrueco. Relatos y fábulas: personajes sacados de un realismo visceral, clínico más que lírico. Animalia y floresta, cientificismos del cuerpo en primer plano, con el foco apuntando dolorosamente al corazón: ese "pan caliente y rojo" de "un niño idiota que arranca cerezas doradas".

No sé. Sospecho que desde hacía eones Cuba se merecía una furibundia en versos así: la entrañable y terrible y desastrosa y magnífica y benevolente y cruel y jamás correcta poesía de Luis Marimón. Que es nuestra poesía ahora: la de sus hijos Yanira y Javier Marimón. Y la mía. Y que es la de nadie y que, de no tomar precauciones, podría ser la tuya también. Luis Marimón contamina.


PUEDES COMPRAR UNA SELECCIÓN DE LA POESÍA DE LUIS MARIMÓN (ANTOLOGADA POR SU HIJA YANIRA MARIMÓN QUE VIVE EN MATANZAS) EN ESTE ENLACE:

viernes, 15 de marzo de 2019

OLPL traduce a Pau-Llosa




Por los muertos, el regreso


For the Cuban Dead
Once they were men fully because they belonged,
and everywhere they looked and chatted and sipped
a bit of coffee, whisked away a fly with a wrist
or jolted a newspaper readably straight,
or flirted, or worried about the world and where
the damn country was going as a trolley rolled
and curtains dipped and bulged breast-like
and hid again in the proper window. They were
home and citizens of it and dared and loved
and were decent and stole and killed and loved again.
They were home. How like the root in the earth,
the crease in the linen, the wind rending the cloud,
the growl in the hunger, the pavement sprayed
with waves crashing against the sea wall.
How like all right things in the mind of place,
they jostled and failed, learned and betrayed.
Like coins in pockets made for them
they cried stridently or simply tinkled in murmurs,
and it didn’t matter is talk or life had substance.
Right of place was substance.

There is no enough in exile. Not enough anger,
and the blanket of safety always leaves the feet bare.
And it is here, no matter how clean and golden,
that one learns how different the wrist and the fly
and the shot of wave, how once never stops
calling although the law of distance deafens.
Memory is the heart’s gravity.
The accent of their children
becomes unbearably alien, a dampness
from the sidewalk creeping past the thin sole
and into the ignored sock. Now nothing
escapes notice and the balance is always against.
And it hits them, these never again composed,
that the time to see and hear was then,
when rightness held even the stormy evils
of the quotidian in the same palm
with the trash of years of seconds
and the kissed joys.

Then, as we have come to know, was
the proper place to gaze at the dust
of butterfly panoplies, ponder
the calligraphic crud on china,
relinquish decorous ears to taut goatskins,
wash in the lace of Sunday clouds,
and otherwise pay attention
with one’s whole life to shadows
knitting five centuries of incomparable capital,
field’s antique jewel, and the cradling shore.
God it was who let them die
filled with late understanding,
so who dares say we the innocent lurk
unpunished in the works and days?
Por los muertos cubanos 
Alguna vez fueron personas del todo, porque pertenecían,
y donde quiera que miraron o chismearon o probaban
sus buchitos de café, espantando las moscas de un manotazo,
o sacudiendo el periódico para estirarlo antes de leer,
o coquetearon, preocupándose por el mundo o por saber adónde
se les estaba yendo el cabrón país, mientras un tranvía pasaba,
y las cortinitas bajas y después infladas como un par de senos, 
y a la postre recogidas en una ventana de ocasión; allí, estaban 
en casa, y eran ciudadanos de casa, y se arriesgaron y amaron,
y eran decentes, y robaban y mataban y amaron una vez más.
Porque estaban en casa. Como la raíz es a la tierra
y el pliegue al lino, como el viento a la nube desguazada
y el crujir de las tripas es al hambre; el asfalto rociado
por olas que se hacían añicos contra el muro del malecón.
Como cada cosa encajaba en su propio espacio mental,
así se afanaron y fracasaron, y aprendieron, y se traicionaron.
Como monedas en un bolsillo hecho a su medida,
se desgañitaron o tintineaban apenas en un rumor,
y no importaba si lo dicho o hecho tenía sustancia.
El derecho a estar en su espacio era la sustancia.

Nada es ya suficiente en el exilio. Ni la cólera alcanza,
y la colcha que te cubre te deja al cabo los pies al aire.
Porque es aquí, no importa cuán pulcro y plateado parezca todo,
que uno aprende lo diferente que son el manotazo y la mosca
y el tren de olas; tal como aquella vez nunca cesa
de convocarnos, por más que la ley de la distancia nos deje sordos.
La memoria es la fuerza de gravedad del corazón.
El acento de sus hijos se les fue tornando 
intolerablemente ajeno, como esa humedad que trepa 
desde la acera, atravesando nuestra frágil suela
hasta las medias que antes ni notábamos. Hoy nada pasa 
inadvertido y las conclusiones serán siempre en contra.
Y les choca, a ellos que nunca más se recompusieron,
que el tiempo para ver y oír fuera justo aquel,
cuando encajar bastaba para compensar las borrascas
de lo cotidiano; en una misma mano 
el desperdicio de estos años a cuentagotas
junto a la bendita alegría. 

Entonces, como ahora por fin sabemos, era
el sitio exacto para contemplar el polvo de panoplias
de mariposas, tantear la caligrafía 
agrietada de las porcelanas,
renunciar por pudor a oír las retumbantes pieles de chivo,
lavar los encajitos endomingados bajo las nubes
y, por lo demás, prestar atención 
a una vida entera de sombras entretejidas
durante cinco siglos en una ciudad capital incomparable,
en maravillas campestres antiquísimas, en la costa que los acunó.
Dios mismo los fue dejando morir
ahítos de un entendimiento muy tardío,
¿quién osaría decir ahora que nosotros, en inocencia,
no hemos pagado igual el precio de esos trabajos y esos días? 
Return To Havana
What will that day be like, the return
to streets and shadows that have only names
and which I have learned to miss as if my own?

Will I ponder the smashed doorframe, the burnt
field, the cracked wall, the color-gutted pane
and say, this day is like no other, this return

will stand pure and unmatched, a warrior alone
among meek memories because he could sustain
the conviction that only what you miss is your own?

He will be a tired soldier, this thought learned
from a need like air, constant like the beat of rain
that always treads great days. This return

will not be different, will be full of scorn
for the heat, the bugs, the dust and din
of a strange locale, missed without possession,
 
ensnared in myths. The desperate champion
of memory, faltering, will be happier among ruins
than among questions. Only the days return
to teach him his duty: lose what you fear to own.
Regreso a La Habana
¿Cómo será ese día, de regreso a calles y sombras 
que no existen más allá de un nombre, pero 
que uno aprende a extrañar como casi propias?
  
¿Detenerse ante al marco roto de una puerta, 
un campo quemado, las grietas, el descolorido espejo,
y decir, este día es el día, ahora estar de vuelta

será por siempre puro y sin rival; entre memorias mansas
va el guerrero solitario, blandiendo sólo ese credo
de que nadie nunca posee lo que no se extraña?

Un soldado exhausto, idea que uno aprende por necesidad
aérea, idea fija como aquella música de los aguaceros
que anunciaban siempre al gran día. Hoy regresar

no será lo mismo, experiencia llena acaso de aversión
ante el calor, los bichos, el polvo y el estrépito
de un sitio ya extraño, que se extraña ya sin posesión,

mitificado. Así el campeón de la memoria, desesperado,
indeciso, terminará siendo más feliz entre ruinas
que entre dudas. El día a día por fin le habrá enseñado
su deber: perder justo aquello que se temía poseer.

.
* Del libro Parable Hunter (Carnegie Mellon University Press, Pittsburgh, 2008), de Ricardo Pau-Llosa, en la traducción de Orlando Luis Pardo Lazo.

martes, 12 de marzo de 2019

ROSA MARIA PAYA CON PROCESO PENAL EN CUBA

https://newsweekespanol.com/2019/03/ramos-venezuela-cubano-periodistas-rosa-maria-paya/


EN CUBA ESTOY ACUSADA 
Y HA COMENZADO 
UN PROCESO PENAL EN MI CONTRA 
POR CRÍMENES 
CONTRA LA SEGURIDAD DEL ESTADO

NEWSWEEK

“Aquellos que quieren contar la realidad cubana —afirma la activista cubana— se enfrentan no solo a los registros, a los allanamientos, a que les destruyan sus cámaras y su información sino también a la cárcel, la represión, la violencia”.   

UN AÑO ANTES de que Rosa María Payá Acevedo naciera, sus padres habían fundado un movimiento para luchar por los derechos de los cubanos y la democracia en Cuba. “Yo nací y crecí mi infancia en los años noventa —explica— que en Cuba se conoce como el periodo especial”. 

Siendo pequeña, en su primer contacto con una institución educativa, tuvo que jurar, como cualquier niño cubano, lealtad al comunismo, sin entender lo que eso suponía. 

Comenzó a ver que “agentes de seguridad del Estado” solían visitar a sus maestros, a los médicos que atendían en los hospitales, a sus vecinos y a los amigos de sus papás. Cursaba la primaria cuando también se percató que los padres de sus compañeros de aula no podían asegurarles ni siquiera la merienda. Los veía llegar a su casa por la noche; pedían comida para ellos y sus familiares siendo que “mi familia —dice— era tan pobre como todas las familias cubanas”. 

Recuerda que “en esa época tan dura, el peso corporal de los cubanos bajó varias libras en todo el país; muchos cubanos se enfermaron por ausencia de vitaminas, de proteínas y empezaron a perder la visión”. 

Esto ocurría a la par de que iban en ascenso los actos de repudio en contra de su padre, Oswaldo Payá: líder de la oposición política al gobierno cubano que en 1988 fue uno de los fundadores del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) y una década después fundó el Proyecto Varela con el que se buscaba que los cubanos pudieran tener libertad de asociación, libertad de expresión, libertad de prensa, les concedieran amnistía a los presos políticos y contaran con elecciones libres. 

Rosa María relata que cuando su padre se encontraba recopilando firmas para dicho proyecto, la fachada de su casa fue marcada en pintura negra, “como de asfalto”, donde se leía: “Payá, gusano”. Gusano, explica, es el término que “Fidel Castro y la dictadura comenzaron a usar, desde el principio, para calificar a cualquier cubano que decidiera criticar el sistema; a los que protestaban por los primeros fusilamientos, que protestaron porque la revolución ya no era derrocar a la dictadura sino para instalar el comunismo en la isla o que protestaban contra la intervención soviética”. 

Tal frase despectiva se generalizó para referirse a cualquier cubano que decía algo “alternativo: a veces no era ni una crítica al sistema —explica—; era por escuchar a los Beatles, tener el pelo largo o ser gay o religioso o asistir a la Iglesia o practicar una religión yoruba o la santería; cualquier expresión alternativa te convertía inmediatamente en posible sujeto de represión”. 

Ante las presiones, su familia se vio obligada a dejar su casa, pero su fachada quedó pintada así por años. Su mamá, solía enseñárselas a ella y sus dos hermanos. Rosa María cuenta que la invadía una “una mezcla entre vergüenza y, al mismo tiempo, de seguridad, porque nosotros crecimos (sabiendo), que podíamos actuar y decir lo que pensábamos y nuestros padres nos iban siempre a apoyar”. 

La formación de los hermanos Payá se vio marcada por la labor cívica de sus padres que, a diferencia de la de sus amigos y compañeros de aula, “pensaban igual, pero lo que escuchaban en casa era: no repitas en la escuela lo que escuchas en la casa. Mientras lo que yo escuchaba en la mía era: tú dices lo que tú quieras y después ya veremos”. Al respecto, subraya: “Esa posibilidad de crecer como personas libres en medio de una cárcel es algo que siempre le voy a agradecer a mis padres”. 

La conversación con Newsweek México tiene lugar en la terraza de un hotel de la Ciudad de México, dos días después de que participó como oradora en el Oslo Freedom Forum, organizado por la Human Rights Foundation, y que por vez primera se celebró en nuestro país y América Latina. 

Rosa María Payá (30 años) es una activista cubana que encabeza la plataforma “Cuba Decide”, y también pertenece a la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia. Cuba Decide pugna por que se lleve a cabo un “Plebiscito Vinculante” para iniciar una transición a la democracia en Cuba. Converso con ella el día en que su padre hubiese cumplido 67 años. Oswaldo Payá recibió en 2002 el Premio Andrei Sajarov a los Derechos Humanos del Parlamento Europeo; en 2011 fue candidato oficial al Premio Nobel de la Paz. Pero, en 2012, murió “en extrañas circunstancias” por causa de un accidente automovilístico junto al líder más joven de la oposición cubana, Harold Cepero. 

En 2015 la Human Rights Foundation presentó en la Universidad Georgetown, en Washington D.C., el informe jurídico “El caso de Oswaldo Payá” que concluyó que tras analizar todas las evidencias disponibles todo apunta a que el incidente del 22 de julio fue provocado y no un accidente. Rosa María se refiere a lo que ocurrió a su padre y Harold como “un asesinato”. 

Entonces ella tenía 23 años y afirma que su padre recibió amenazas de muerte en muchos momentos de su vida. De hecho, “el año anterior a su asesinato, las amenazas de muerte eran más seguidas”. Cuenta que al menos sufrió dos atentados previos al que terminó con su vida y la de Harold. Uno de ellos “utilizando la misma táctica: un auto golpeó por detrás el auto de mi familia, que era un Volskwagen del 64, en el que manejaba él e iba mi mamá; era un domingo y otro auto los golpeó con tal fuerza que volcó el carro y en ese momento no murieron los dos de puro milagro. 

De puro milagro no venía otro auto en dirección contraria, en la arteria más transitada, que es la calzada del Cerro, a menos de una milla de nuestra casa”. Payá detalla que la policía estaba en el lugar de los hechos desde el inicio, “algo que no ocurre en Cuba jamás”, y que ese día, cerca de las cuatro de la tarde, se los llevaron con tal velocidad que sus padres no pudieron reconocer a su agresor. 

El hospital donde los ingresaron “estaba tomado por la seguridad del Estado, por el temido G2”. La tarde de ese fatídico 22 de julio, Rosa María llamó al celular de su padre, y quien le contestó fue alguien que se identificó como una médico forense “que no tenía que hacer nada en el lugar de un accidente”. 

El accidente ocurrió a 750 kilómetros de la Habana, por lo que llegar por tierra al lugar del accidente le habría tomado a su familia unas ocho horas. Cuando llegaron al aeropuerto para tomar un vuelo les dijeron que no había asientos disponibles, ni los de emergencia. “Es un régimen que tiene el control de todo”, comenta. Fue entonces que solicitaron a las autoridades cubanas que pusieran su cuerpo en refrigeración, pero estas argumentaron que en el hospital “no había cámaras de refrigeración”, que estaban descompuestas. 

Pidieron lo llevaran a otro hospital y la respuesta fue que todas las cámaras de la ciudad no funcionaban. Por tal motivo, explica Payá, su familia tuvo que aceptar le hicieran una autopsia sin poder ver el cuerpo de su padre. Sus enormes ojos café obscuros se tornan semicristalinos cuando narra este doloroso pasaje: “el aparato de Estado se ha encargado de oscurecer toda la evidencia”. Todo lo que saben se reconstruyó vía los testimonios de testigos que estaban en el lugar, los sobrevivientes y los extranjeros que viajaban en el auto en una carretera en Báyamo.

Durante seis años y medio, el informe de autopsia de Oswaldo Payá le ha sido negado a su familia. “El sistema cubano está plagado de violaciones, las víctimas apenas tienen derechos en el sistema penal cubano, pero uno que sí cuenta es el de tener el informe de autopsia. El régimen cubano viola su propia ley para no entregarnos el informe de autopsia de mi padre y el de Harold Cepero”, observa. 

—¿Qué fue lo que ponderaste al decidir proseguir la lucha de tu padre? 

—Mi padre era el líder del Movimiento Cristiano de Liberación, también el líder del Proyecto Varela, que es la campaña de movilización ciudadana más exitosa para que las leyes garanticen los derechos y poder tener elecciones libres; el régimen estaba y está viviendo una crisis de legitimidad muy grande. Los dictadores históricos estaban cada vez más viejos, desapareciendo físicamente y tratando de traspasar el poder a sus hijos y a sus nietos; fingiendo que estaban haciendo reformas democráticas cuando en realidad estaban consolidando su poder. 

“En ese momento de su vida estaba muy activo —prosigue— desmontando lo que él le llamaba el Cambio-Fraude que es este intento de, a 55 años de dictadura, lavarse la cara y decirle a la comunidad internacional que estaban haciendo unas reformas cuando en realidad esas reformas eran para perpetuarlos en el poder”. 

Antes que su padre muriera, Rosa María ya trabajaba con él, pero su labor era mucho menos pública para seguir los protocolos de seguridad y así intentar demorar “el golpe represivo que viene siempre, sobre todo contra los jóvenes que representan alternativas y que tratan de movilizar a la ciudadanía para cambiar la realidad”. 

Reconoce que “el asesinato de mi papá y de Harold” fue un duro golpe para todos y conmocionó a la sociedad civil de Cuba. Lo que vino después fueron más intentos de acallar a la familia Payá. Recibieron amenazas “para que no denunciáramos el asesinato, cosa que hicimos desde el primer día, desde el funeral”. 

A sus hermanos los comenzaron a seguir “oficiales con uniforme, para que no solo ellos sino todo el mundo supiera que los estaban persiguiendo”. Rosa María recibió llamadas en su casa donde le decían: “Te vamos a matar”. 

Estas amenazas y agresiones las denunciaron ante la Relatoría de Crímenes Extrajudiciales de la ONU, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y públicamente. En Cuba acudieron al Ministerio de Justicia y a la fiscalía general, pero “las respuestas son siempre burla, siempre violatorias de los derechos humanos”. En este punto, cierra la respuesta sobre la pregunta de origen: “Toda esta situación me llevó a tener una posición cada vez más pública, de denuncia por el asesinato de mi padre, de búsqueda de justicia y de involucramiento en el movimiento que él había fundado; en la idea de transformar al país hacia la democracia, hacia la participación ciudadana. Que los cubanos sean quienes exijan y decidan el cambio en Cuba, algo que no pasa en mi país hace más de 60 años”. 

En 2015 se lanzó la plataforma Cuba Decide, que propone la realización de un plebiscito para que los cubanos decidan si quieren un sistema democrático en oposición a la dictadura de partido único; que cuente con garantías, observación internacional, que se pueda fiscalizar y dé acceso a la prensa. Payá dice que esta plataforma de movilización ciudadana es “una herramienta de cambio pacífico para que legítimamente los cubanos puedan transitar a la democracia”. 

Desafortunadamente, hoy en varias naciones de América Latina se viene documentando lo que supone enfrentarse a un régimen autoritario: “el poder está dispuesto a usar las armas contra el pueblo cuando este pide el cambio”.

—¿Qué hacer? —se le inquiere a la disidente cubana. 

—Lo que nos queda a los cubanos es la lucha cívica no violenta, la movilización ciudadana, la desobediencia civil. Que no se vea como un conflicto partidista o ideológico porque de lo que estamos hablando es de derechos humanos para todos los cubanos. 

—Tú ahora estás demandada por el gobierno cubano, ¿bajo qué cargos? 

—Un capitán del Ministerio del Interior fue a mi casa a finales de noviembre a informar que yo estaba siendo acusada y que había comenzado un proceso penal en mi contra, por instigación a delinquir, por crímenes contra la seguridad del Estado. Al respecto, asegura: “Nunca he cometido un crimen, ni dentro ni fuera de la isla”. Y amplía: “Me encuentro bajo investigación en un país que está controlado por unos generales cuya constitución dice que está permitido el uso de las armas contra cualquiera que quiera cambiar el sistema económico, político y social”. 

Cuando Rosa María Payá regrese a Cuba, dice que no sabe lo que va a pasar: “La situación que estaba viviendo mi padre el día que fue asesinado es la misma que yo vivo cada vez que estoy dentro de la isla. No sabes qué es lo próximo que van a hacer en un país donde reina la impunidad”. 

La persecución contra su persona la he denunciado en diversos foros y ante las Naciones Unidas. Dentro de la isla asegura que “es muy poco lo que se puede hacer, porque todas las instituciones son del régimen”. Su familia inmediata vive fuera de la isla y la única que reside en Cuba es ella. 

—¿Vas y vienes de Cuba por estar trabajando cerca de la sociedad?

—Así es. La plataforma ciudadana tiene su centro y área de trabajo dentro de la isla. “Esto no es un partido político —apunta— es una plataforma de movilización. Todos los promotores de Cuba Decide tienen un rol decisivo dentro y fuera de la isla. Hay muchos cubanos fuera que también trabajan en la campaña, incluso hay organizaciones compuestas por miembros no cubanos como la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia que está en 20 países de la región y que apoyan la iniciativa ciudadana Cuba Decide”. 

Aquí su voz sube de tono: “Ninguna dictadura, ningunos generales tienen derecho a decirme a mí, ni a ningún cubano, dónde tengo que vivir y dormir todas las noches, por qué puedo entrar o salir. Me rebelo contra esa idea”. 

El pasado 26 de febrero en el Oslo Freedom Forum México Payá fue anunciada como la última oradora del evento. Apenas había iniciado su intervención cuando, de entre el público que atendía las ponencias surgieron gritos en su contra: “Mercenaria”, se escuchaba entre otros insultos. A lo largo de ese martes un grupo de jóvenes con banderas del partido comunista permaneció a las afueras del Museo de Antropología, donde se celebró el foro organizado por la Human Rights Foundation, que cada tanto gritaba consignas en contra de Payá. Lo que pasó para ella no fue sorpresivo. 

“Estoy acostumbrada a que la embajada cubana, que son centros de inteligencia, pague manifestantes o movilice a las bases de los partidos comunistas en cada país; el objetivo es que lo que yo digo, no se escuche, que no se puede realizar el evento”. —Lograron descuadrar tu intervención. 

—Sí, reventaron el acto. En abril pasado, en la VIII Cumbre de las Américas, celebrada en Lima, en Perú, medio centenar de cubanos y una decena de venezolanos boicotearon los discursos del secretario general de la OEA, Luis Almagro y de Rosa María Payá. Al grito de “mercenarios” se impidió el encuentro de representantes de gobiernos y miembros de la sociedad civil de Latinoamérica. Ahí también, confirma, “reventaron, con tropas de choque, traídas de Cuba y de Venezuela, el acto y no dejaron al secretario de la OEA ni a mí hablar”. Ella era una de las delegadas de sociedad civil que tenía que hablar ante el congreso permanente y los gritos impidieron que el mismo sesionara. “No tenían nada qué decir. El objetivo era que nosotros no pudiéramos decir nada”. 

—En ese momento venía en camino el referéndum en Cuba. 

—Sí, el “Cambio Fraude” que mi padre denunciaba. La crisis de legitimidad del régimen cubano es cada vez más grande. La falta de apoyo de la comunidad internacional y sobretodo de América Latina a un régimen que interviene en Nicaragua, en Venezuela, que forma parte de la represión en esos lugares. El apoyo a ese régimen se ha reducido muchísimo. “Todos los grupos sociales desde las poblaciones vulnerables, los activistas LGTBI, las iglesias, la sociedad civil, la oposición, la ciudadanía, todo mundo comienza a expresarse contraria a esta imposición del partido comunista y es entonces que fingen un referéndum que no cumple con ninguna de los mínimos exigibles para ser llamado creíble. 

“No se nos dio posibilidad de hacer campaña, se reprimió con violencia a cualquiera que promovía una de las opciones que era válida en la boleta: la opción del NO; no se permitió acceso a la comunidad internacional; se cambió el padrón electoral del día del referéndum al día siguiente: según el comité nacional electoral de la dictadura cambió de 8.6 millones a 9.2 millones de personas, es decir, un fraude total, marcado por la represión violenta”. 

Para Payá lo que tuvo lugar fue “una reforma ilegítima, un referéndum que fue un fraude y que si algo demuestra es que el régimen cubano no tiene ninguna voluntad de cambio, pero, al mismo tiempo, que los cubanos sí la tienen”. Refiere que l OEA ya declaró ilegítima esa reforma y esa constitución; y que también lo acaba de hacer el Departamento de Estado. 

“Del Congreso guatemalteco acaba de salir una resolución para desconocer la imposición constitucional, esperamos que siga también en otros lugares de la región y esperamos también que el Congreso mexicano y la actual administración mexicana, que el señor López Obrador se ponga de parte del pueblo cubano”. 

Nos han robado nuestro trabajo: Jorge Ramos cuenta por qué Maduro retuvo a periodistas y confiscó su material. 

—Lo que Jorge Ramos y su equipo vivieron con Nicolás Maduro en Venezuela se volvió ‘trending topic’; ¿crees que lo que pasa ahora en Cuba interesa igual? 

—Lo que vivió Jorge Ramos en Venezuela es lo que a diario vive el pueblo cubano; lo que pasa a cualquier cubano que tiene una expresión alternativa, especialmente, aquellos que quieren hacer prensa. 

“Aquellos que quieren contar la realidad cubana —abunda— se enfrentan no solamente a los registros a los allanamientos, a que les destruyan sus cámaras, a que les destruyan su información sino también a la cárcel, a la represión, a la violencia, todos los días”. 

En este tramo de la conversación, Payá alude a lo que está ocurriendo en varias naciones del continente: “Nuestras realidades no están desconectadas. Sobre todo, a nivel latinoamericano, los estudiantes que estaban protestando contra el régimen de Daniel Ortega, en las calles de Caracas, y que terminaron torturados en centros de detención, identificaban como cubanos a los directores de los centros donde eran torturados, donde eran violados. Estamos hablando de información jurada que forma parte de los informes de la OEA, no me lo estoy inventando, está documentado. 

“Esto no tiene que ver con la derecha o la izquierda —sigue—; no estamos hablando de defender una u otra ideología, sino de un grupo de personas que usa la ideología para llegar al poder y luego quedarse en el poder y luego recortar las libertades de todos y robarse los recursos de esos pueblos”. —El secretario de la OEA dijo esto mismo en el Oslo Freedom Forum México… 

—Está en los informes de la Secretaría General de la OEA; los generales venezolanos son los primeros en rebelarse contra agentes extranjeros dándoles órdenes en su país. Está documentada por la oposición venezolana y por la prensa extranjera que ha tenido acceso a la información. En realidad, estamos asistiendo a una injerencia imperialista que viene de parte de una isla sin recursos, cuyo régimen vive de manera parásita, de aquellos a los que logra infiltrar y a los que logra coordinar. En este caso, un país tan rico y tan a la vanguardia de América Latina como era Venezuela. 

—Hablas de la injerencia imperialista cubana en Venezuela y otros aluden a la injerencia imperialista de EU en Venezuela. A ti te tildan de “mercenaria” al servicio de la “derecha”. ¿Qué opinas al respecto? 

—Pido que miren los hechos. Que no pongan los prismas ideológicos y la propaganda por encima de los seres humanos. Hemos estado conversando durante una hora y no hemos dado una sola opinión ideológica, no hemos hablado de derechas ni de izquierdas, hemos hablado de seres humanos tratando de sobrevivir y de vivir libremente. Eso viene antes de cualquier ideología, de cualquier posición partidista. Mi invitación sobre todo a los jóvenes es a que miren a los seres humanos. A que miren la realidad, los hechos y que después tomen sus propias conclusiones. Pero que no pongan las ideologías por encima de los seres humanos. 

Rosa María Payá está clara: “Vamos a seguir luchando”. 


Fuente: https://newsweekespanol.com/2019/03/ramos-venezuela-cubano-periodistas-rosa-maria-paya/
Publicado por: Adriana Amezcua /@adriana_amezcua