viernes, 29 de marzo de 2019

Sábado 20 de Abril con Otaola y OLPL en Miami






Cubanas y cubanos que me escuchan (en ese orden de factores que altera todo producto posible):


El sábado 20 de abril de 2019, a las 7pm, estaré junto con el gran Alex Otaola presentando mi más reciente libro de crónicas contraculturales cubanas, publicado por la editorial Hypermedia: ESPANTADO DE TODO ME REFUGIO EN TRUMP.




LIBRERÍA BOOKS AND BOOKS,
265 Aragon Ave, Coral Gables, FL 33134





“Espantado de todo me refugio en Trump” es un diario de crónicas contraculturales que constituye mi venganza radical como autor que se escapó del castrismo cubano sólo para terminar atrapado en el castrismo académico norteamericano: es decir, la tiranía de lo políticamente correcto y la tontería izquierdista anti-Trump. 

El título de este volumen es una parodia de nuestro Héroe Nacional José Martí (1853-1895), en una nota que le dedicó desde el exilio a su hijo llamado el “Ismaelillo”: Hijo, espantado de todo me refugio en ti...

“Espantado de todo me refugio en Trump” no es una novela, pero se trata de un libro que tiene una estructura episódica novelesca, donde el personaje protagónico es precisamente un tal Orlando Luis Pardo Lazo de letras extremistas y tiernas nostalgias por su patria perdida junto con su infancia fundamentalista y feliz. 

El estilo de Orlando Luis Pardo Lazo, según Orlando Luis Pardo Lazo, es una especie de laberinto del lenguaje donde cada palabra pretende ser una provocación peor que la anterior. 

La nota de contracubierta es un remix de citas sacadas de los tweets del actual presidente norteamericano: 

"Me encantan estos escritores de tercera categoría, perdedores idiotas e idiotizados. Mis felicitaciones a este bloguero ripioso sin ningún talento, el Gran O, por el tan cacareado lanzamiento de su nuevo libro. ¡No me lo vas a crees si te cuento de qué va la cosa! Todo escritor de ficción se la pasa inventando historias sólo para degradar. Cero control sobre sí mismo. Así y todo, nunca debiéramos subestimar el poder de lo que sabe un autor tan jodido de la cabeza. Se trata de una oportunidad única para toda la generación de los fans de Orlando. 100% falso, 100% real. 100% equivocado, 100% responsable. 100% correcto, 100% en la talla de Trump. Por lo que yo sí apoyo incondicionalmente y estaré muy al tanto del escándalo Orlando, dada mi profunda fe en las virtudes de este autosuficiente. No es cosa de juego. Este libro noqueará a unas cuantas gentes. Léelo y pásalo, por favor. ¡Gracias!"



Mi libro herejía de herejías. La eregía total.

El libro que ha visto cosas que ustedes, los cubanos, jamás creerían.

Crónicas contracubanas del desexilio poscubano: odio y nostalgia, ternura y totalitarismo, soledad y cinismo, risa y contrarrevolución. 

350 páginas de hincorrección política y gramatical: un marxmotreto que merecería que su autor fuera deportado a Cuba para el carajo, por inconsolable neocon!

Ya puedes comprarlo en el Amazon de Ediciones Hypermedia en este enlace: 









martes, 26 de marzo de 2019

TOMÁS PIARD IN MEMORIAM

PUEDES LEER MI COLUMNA COMPLETA EN DIARIO DE CUBA EN ESTE ENLACE: 


OBITUARIO

Maestro de maestros, Tomás Piard 'in memoriam'

Tomás Piard, entre dos actores de su filme 'La ciudad'. (ELCINEESCORTAR)
Ha muerto un hombre triste que desbordaba alegría y fe en la luz. La luz de lo más noble y bello del espíritu humano. Y también, por supuesto, la luz de la cinematografía: un arte que ese hombre triste conoció a la séptima potencia como muy pocos en Cuba, pero un arte que, como si fuera una maldición, el director Tomás Piard (1948-2019) nunca pudo ejercer con la misma maestría con que fue capaz de enseñarlo durante décadas, tanto en academias cubanas como en el extranjero.
En 2004, cuando los años ceros de La Habanada estuvieron a punto de hundirme en la locura, expulsándome a las calles calcinadas después de que el castrismo destrozara mi carrera como bioquímico, la magnanimidad de Tomás Piard me recibió como un padre pródigo y este cubanazo de corazón confió a ciegas en mí en tanto fotógrafo improvisado para sus películas.
Su hijo Terence Piard, joven cineasta tan talentoso como corajudo (la palabra correcta es otra mucho más incorrecta de publicar), acababa de morirse ahogado ese verano en Tenerife con apenas 30 años. Para mí, recién muerto mi padre por entonces, tener la oportunidad de lujo de ver a Tomás filmando era recordar la pérdida irreparable para el futuro de Cuba de su hijito único Terence. Tal vez por eso quise ser yo una especie de hijo postizo. Tal vez por eso traté de darle un poco de alegría al maestro Tomás, criatura salida de otro tiempo donde Cuba aún no había sido secuestrada del todo por la chusma iletrada de hoy. Tal vez por eso quise que se enamorara dentro de lo posible de mí, física y emocionalmente, y seducir la suya con mi tristeza no menos de huérfana de país.
La luz de aquellos años era mucho más lánguida de lo que ninguna lengua humana podría expresar.
Creo haber logrado esa secreta conexión emotiva con Piard por lo menos hasta finales del año 2010, cuando la maldad de Abel Prieto, junto a dos oficiales del Ministerio del Interior que trabajan como funcionarios encubiertos del Ministerio de Cultura, coaccionaron al pobre hombre para obligarlo a renegar de mí en público, llamándome mentiroso y mercenario, borrando de paso la larga entrevista que él me había hecho para su documental por el centenario de José Lezama Lima, finalmente estrenado sin mí y todo desguazado por la censura en 2011 con el título de Trocadero 162, bajos. Tomás Piard es pues, por desgracia doble para la historia de Cuba que vendrá, cómplice y víctima de que la Seguridad del Estado me convirtiera en un fantasma más dentro y fuera de nuestra facistoide isla.
A finales de los años 70 los Castros le habían hecho eso mismo al joven Tomás Piard. Él en persona me lo contó en una de esas noches estragadas de filmación, rodeados por los machangones luminotécnicos del ICRT y el ICAIC, los que usaban el calor emitido por las luminarias de filmación para tostar encima de ellas el pan de la meriendita estatal. Piard era un estudiante universitario que había filmado una obra experimental muy breve en celuloide, cuyo título era La muralla china o algo por el estilo, y varios oficiales de verde olivo (agentes no secretos que atendían la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana) lo obligaron entonces a destruir el material con tijeras, ácido salfumán y, por último, descargar los detritos de su filme por el inodoro de un baño.
Murió Tomás Piard como mueren los grandes cubanos en esta época sin épica después de la escalofriante caída de la Revolución. Solo, solo en alma. Abandonado por todos y cada uno de los cubanos que más lo amábamos. Dándose cabezazos dentro del Estado y sus instituciones para no convertirse en un paria a perpetuidad como lo hubiera sido sin duda alguna su genial hijo (como me convertí yo). Solo en alma y de la mano de una mujer a quien en su momento también amó con el alma, y que de otras infinitas maneras él nunca dejó ni dejará ya nunca de amar.
Adiós, maestro bueno. Adiós, milagro imposible de la luz. Hace unas pocas noches soñé contigo. Con la escena original en la que me contaste cómo una médium habanera te había asegurado que Terence Piard quería comunicarse contigo poco después de morir.
La luz de estos años sigue siendo mucho más lánguida de lo que ninguna lengua humana podría expresar. O callar.

PUEDES LEER MI COLUMNA COMPLETA EN DIARIO DE CUBA EN ESTE ENLACE: