sábado, 13 de julio de 2019

SÚMATE A ESTA CAMPAÑA


HAZ UN VÍDEO NOMBRANDO 
A CADA UNO DE ESTOS 
CUBANOS INOCENTES 
CUYO ASESINATO FUE ORDENADO 
POR FIDEL Y RAÚL CASTRO RUZ 
EL 13 DE JULIO DE 1994.
COMPÁRTELO EN TUS REDES SOCIALES:

1- Hellen Martínez Enríquez (6 meses)
2- Xindy Rodríguez Fernández (2)
3- Yolindis Rodríguez Rivero (2)

4- Angel René Abreu Ruiz (3)
5- José Carlos Nicle Anaya (3)
6- Giselle Borges Alvarez (4)
7- Caridad Leyva Tacoronte (4)
8- Juan Mario Gutiérrez García (10)
9- Yasser Perodín Almanza (11)
10- Yousell Eugenio Pérez Tacoronte (11)
11- Eliecer Suárez Plasencia (11)
12- Mayulis Mendez Tacoronte (17)
13- Miladys Sanabria Cabrera (19)
14– Joel García Suárez (24)
15- Odalys Muñoz García (21)
16- Yaltamira Anaya Carrasco (22)
17- Yuliana Enríquez Carrazana (23)
18- Lissette María Alvarez Guerra (24)
19- Jorge Gregorio Balmaseda Castillo (24)
20- Ernesto Alfonso Loureiro (25)
21- María Miralis Fernández Rodríguez (27)
22- Jorge Arquímedes Levrígido Flores (28)
23- Leonardo Notario Góngora (27)
24- Pilar Almanza Romero (30)
25- Rigoberto Feu González (31)
26- Omar Rodríguez Suárez (33)
27- Lázaro Enrique Borges Briel (34)
28- Martha Caridad Tacoronte Vega (35)
29- Julia Caridad Ruiz Blanco (35)
30- Mario Gutierrez (35)
31- Eduardo Suárez Esquivel (38)
32- Martha M.Carrasco Sanabria (45)
33- Augusto Guillermo Guerra Martínez (45)
34- Rosa María Alcal de Puig (47)
35- Estrella Suárez Esquivel (48)
36- Reynaldo Joaquín Marrero Alamo (48)
37- Armando González Raíces (50)
38- Fidencio Ramel Prieto Hernández (50)
39- Manuel Gayol (58)


RÉQUIEM POR LA HABANA




QUIEM

Jesús Díaz


Esta ciudad nació de la sal del puerto
y allí creció caliente, deschavada,
el sexo abierto al mar
el clítoris guiando a los marinos
como un faro de luz en la bahía.
Y dentro el Barrio Chino, Tropicana,
Floridita, Alí Bar, Los Aires Libres,
orquestas de mujeres musicando
un chachachá bailado por marcianos.
Hablaba, bozalona,
en una turbia mezcla de yoruba y castilla,
de calé y catalán, de bable y congo,
y todo ese patois, ese creole,
ese rico esperanto entreverado
de algarabías moras, chácharas cantonesas,
jerosolimitanas jergas de judíos,
bárbaro spanglish de bares y bayuses.
Atarantada, confundía libaneses con turcos,
asturianos y vascos con gallegos,
israelitas de Ucrania con polacos,
y todos juntos y a la vez gritando
en mesas de manteles de mal gusto
cubiertos con tamales amarillos,
grises cangrejos, rojos camarones,
blanquísimos arroces machihembrados
públicamente con frijoles negros,
plátanos como vergas y de postre
una papaya abierta como un reto,
un gran habano y un buche de café,
infusión preferida de Satán, negra y humeante.
Experta en contrabandos se vestía
con brandys, sedas chinas,
o bien andaba en rones o en harapos
y rezaba el domingo de mañana
en iglesias de un gótico mendaz,
falso románico, columnatas barrocas
sosteniendo el tramposo art nouveau de las mansiones.
Acomplejada, impúdica, ridícula,
disfrutaba de un oscuro placer
impersonando a putas más famosas:
en su bahía un Cristo gris,
contaminado por los lentos vapores de la fiesta.
Allá, en el vientre, un Prado de juguete,
un vacuo Capitolio y rascacielos
que no tocaron nunca el culo de las nubes.
Pavorreal del trópico extasiado
en los vitrales y ocelos de su cola reflejada en el mar,
graznaba a prima su profundo dolor
radioescuchando novelones,
serpientes de la desesperanza inventada por ella
que recorrían el mundo proclamando
la maldad insaciable de los hombres.
Luego, en las noches,
sacaba los colmillos de vampira
para elevar un himno a las trucidaciones
con letra y música de La Guantanamera.
Y ya en las madrugadas
se jugaba a la suerte hasta las nalgas
que solía perder con gran contento.
Se entregaba a gozar y a raros ritos
y amanecía bailando, la cabrona,
boleros, mambos, rumbas,
en bembés, cocktail parties y saraos,
saturnales del diablo, su ángel más venerado.
Nada la conmovía, ni siquiera
la sangre que sus hijos ofrendaron
asaltando el Palacio del Tirano.
Siguió carnavaleando, se diría
que nadie hubiera podido enamorarla,
apagarle la música y dejarla
como una esposa fiel, tan tranquilita.
Poco después bajaron los guerreros
recitando ¿qué décimas,
qué epitalamios, silvas, madrigales,
para hacerla olvidar siglos de rumba?
¿Con qué wemba lograron hechizarla?
Se enamoró de la virtud como una puta.
Pidió perdón hincada de rodillas
para expiar sus múltiples pecados.
Sacrificó sus congas, sus mentiras,
sus jabones de olor, sus fruslerías,
sus lujurias, pasiones, arrebatos.
Comió en mesa frugal un par de huevos.
Gritó pura y feliz hasta quedarse ronca.
Hizo una cola larga, interminable,
y sólo a su pesar, algunas veces,
metida con un santo o con un macho
sufrió las delirantes nostalgias del bembé.
No bastó aquella entrega.
Los hijos de la puta, nosotros, sus bastardos,
la negamos tres veces. Ya no tuvo
pinturita de uñas, ni siquiera
un buchito de alcohol de reverbero
que llevarse a la boca en sus delirios.
Y si gritó de sed, no la escuchamos.
Andábamos clamando por el mundo
como una llamarada de pureza.
Casi murió de lepra, las legañas
nos la dejaron ciega, el gran silencio
le produjo sordera, el desamor
le descarnó los labios, la demencia
le arrancó los cabellos, la tristeza
le fue secando el sexo. Una mañana
la fealdad la asesinó del todo.
Queda tan solo un triste simulacro:
este fantasma de una vieja puta
o de una virgen tuerta y sin altar,
estos, Fabios, ¡ay dolor!, que ves agora,
campos de soledad, mustio collado,
pasto para turistas
que recorren las ruinas murmurando:
“Dice que fue candela,
que encendía el rumbón con la cintura,
que alguna vez, la pobre,
estuvo viva”.

jueves, 11 de julio de 2019

Cuba cadáver





Ropa cara de importación con los colores de quién sabe qué país africano (léase: atraso, oscurantismo, enfermedad, anticivilización occidental).



Teléfonos iPhones de último modelo, sacando fotos oficiales por detrás de este teatro del totalitarismo en fase terminal.



Ron cubano empinado de botella a boca, como si de sexo oral entre machos viejos se tratara: la mamadera marxista.



Velas de la diplotienda y un tarro con la bandera cubana pintarrajeada, la misma insignia que el poeta cubano José Manuel Poveda llamó "trapo heroico" al compararla con un buitre cínico y carroñero.



Unos santeros a sueldo del Ministerio del Interior jugando a la rueda-rueda con la persona del supuesto Ministro de Cultura de Cuba.



Esa y no otra es Cuba.



El cubano de Miami y del mundo que no lo asuma así de cara al futuro, es hoy por hoy mucho más criminal que los Castros en 60 años de Revolución.



Los cubanos libres y lindos no tenemos y, por suerte, nunca tendremos que tener un país.

The Waste Island


The Waste Island [1]
Orlando Luis Pardo Lazo


Mixing memory and desire in Unreal City
at the violet hour,
with a dead sound on the final stroke of nine.
There you feel free.

I will show you fear in a handful of dust.
There is a shadow under this red rock.
Come in under the shadow of this red rock.

I see crowds of people, walking around in a ring.
One must be so careful these days,
the time is now propitious.
I had not thought death had undone so many.

Has it begun to sprout
that corpse you planted last year in your garden.
Will it bloom this year burned green and orange,
red and gold,
framed by the coloured stone
the barbarous king so rudely forced.

Glowed into words,
filled all the desert with inviolable voice.
Are you alive, or not?
Is there nothing in your head?

I could not speak, and my eyes failed
looking into the heart of light, the silence.
For I speak not loud or long,
neither living nor dead throbbing between two lives.

I too awaited the expected guest,
and I knew nothing.
He promised “a new start”.
I made no comment,
I can connect nothing with nothing.
What should I resent?

My people humble people who expect
nothing.
The torchlight red on sweaty faces,
the agony in stony places.
The shouting and the crying,
murmur of maternal lamentation.

Voices singing out of empty cisterns.
Prison
and
palace
and
reverberation.

Each in his prison thinking of the key,
each confirms a prison only at night fall.
A blackened wall
and upside down in air were towers.
The boat responded gaily
to the hand expert with sail and oar.

Unreal.

Beating oars rippled both shores,
carried down stream
past the Isle of Dogs.

Fear death by water. 





[1] Elliot, T.S. The Waste Land and Other Poems. New York: Harcourt, Brace and Company, Inc., 1934.

OLPL y REGINA ANAVY en SAN FRANCISCO, 16 Sept 2018